Aquila y Priscila: Modelo de Servicio Matrimonial – Hno. Pablo Navarrete

Aquila y Priscila: Modelo de Servicio Matrimonial – Hno. Pablo Navarrete

Aquila y Priscila: Modelo de Servicio Matrimonial (Romanos 16:3-5a)

Continuamos con la serie de exposiciones sobre “El Sublime llamado del Servicio”. En esta cuarta predicación nos centraremos en el capitulo 16 del libro de Romanos. Específicamente entre los versículos 3 al 5 ya leídos. En este capitulo de la carta a los Romanos, Pablo saluda en su nombre a veintiséis individuos, dos “familias” y tres “iglesias hogar”. La lista de nombres de esta sección no suele ser una lectura muy interesante para la mayoría de los lectores del Nuevo Testamento, en general estos listados y las genealogías del Antiguo Testamento parecieran ser para nuestra época una maraña de información innecesaria. Estos nombres no son un onomástico que simplemente Pablo quiere recordar, sino que es una mina de oro en cuanto a la información que nos ofrece sobre la composición de la Iglesia primitiva, ya que en el mundo antiguo había cierta tendencia a dar una determinada clase de nombres a determinados tipos de personas; por ejemplo, las personas ricas, que ocupaban un lugar alto en la escala social, daban a sus hijos un cierto tipo de nombres, los esclavos, o antiguos esclavos, usaban un tipo distinto de nombres. Se han hecho varios estudios con respecto a este listado, lo cual mencionaremos en el siguiente sermón, donde estudiaremos más ampliamente este capítulo.

La primera oración, en la que Pablo transmite saludos va dirigida a Priscila y Aquila: los protagonistas de nuestra lectura. Y la oración por este matrimonio es la más larga de la lista, y esto se debe a que esta pareja era la que estaba en mejor posición para mediar entre el ministerio de Pablo y la iglesia de Roma, ya que el apóstol había tenido una relación especialmente estrecha con este equipo misionero. Su primer encuentro con Pablo fue en Corinto, durante el segundo viaje misionero de Pablo. Lucas, en Hechos 18:2, nos cuenta que Priscila y Aquila eran originarios de Ponto, lugar ubicado al norte de Turquía, vivieron en Roma hasta que fueron expulsados por el emperador Claudio en el año 49 d.C junto con los demás judíos. Tras ministrar junto al apóstol durante algún tiempo en Corinto, Pablo les dejó en Éfeso, donde iniciaron una nueva obra (Hch.18:18).  Luego de la muerte de Claudio regresan a Roma siendo los encargados de la misión.

Pablo y este matrimonio tienen un vínculo muy particular, no sólo los unía el amor por Cristo y el ministerio, también tenían en común sus profesiones: hacer tiendas (Hch.18:3). Es probable que los padres de Pablo y Aquila hayan tenido los mismos oficios, ya que era costumbre de la época transmitir la profesión de padre a hijo, lo vemos en el caso del mismo Señor, con la carpintería, y de Zebedeo quien hace de sus hijos, Jacobo y Juan, pescadores.

Hacer tiendas consistía en confeccionar tiendas de campaña o carpas para los viajeros, donde se debían tejer tiras de pelo de camello o cabra y luego coserlas unas con otras, este servicio permitía a la gente protegerse del sol, acampar o servían de lugar de descanso en terrazas de casas particular, es decir, sus oficios consistían en dar seguridad, comodidad, bienestar y reposo a las personas, pero esto no sólo lo hacían en el plano laboral, sino también en el espiritual, a través del Evangelio de Cristo.

Aquila y Priscila impulsaron el trabajo del Apóstol y de la Iglesia, porque como hemos aprendido a lo largo de esta serie, ningún ministerio saludable puede ser sostenido por el pastor o los pastores, ellos necesitan servidores dispuestos para proclamar el Evangelio de Cristo, ese es el servicio de toda la Iglesia hacia las naciones. ¿Qué tienen en especial Aquila y Priscila para Pablo? A lo largo de su carrera misionera, el apóstol tuvo varios colegas y colaboradores, pero le pareció necesario oponerse a Pedro en su propia cara (Gá. 2:11s), con Bernabé tuvo un desacuerdo tan serio que se separaron (Hch. 15:39). Hubo un tiempo en que Pablo se negó a permitir que Juan Marcos siguiera siendo uno de sus compañeros (Hch. 15:38), Demas lo abandonaría (2 Ti. 4:10), pero en el caso de Priscila y Aquila, todos los registros indican que siempre hubo perfecta armonía, pero ¿Por qué? ¿qué reflejaba este matrimonio? ¿Qué mostraban en sus vidas? A Cristo. Ellos eran el fiel reflejo de lo que nos dice John Piper:

 

“El matrimonio no se trata principalmente de estar o permanecer enamorados. Se trata principalmente de decir la verdad con nuestras vidas (servir con la verdad). Se trata de reflejar algo verdadero acerca de Jesucristo y de la manera en que él se relaciona con su pueblo. Se trata de mostrar en la vida real la gloria del Evangelio”

Esa es la misión de un matrimonio, ser una parábola viviente de la relación entre Cristo y la Iglesia: mostrando el verdadero carácter del Amor.

  1. Aquila y Priscila: Cuna de Discípulos de Cristo. (v.3 a)

Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús

El Apóstol Pablo describe a este matrimonio como sus colaboradores en el ministerio, pareciera ser que de alguna forma Pablo, Aquila y Priscila eran un matrimonio, en el sentido que el Apóstol encontraba en ellos una ayuda idónea para la labor del ministerio. A la palabra colaboradores, Pablo añade la típica fórmula paulina “en Cristo Jesús”, Aquila y Priscila están en Cristo, y el que está en Cristo nueva criatura es (2 Cor. 5:18); este matrimonio salvado por Gracia no se pertenecía a sí mismo, su colaboración en el ministerio se debía a que trabajaban para Cristo, bajo Cristo, con Cristo y por ser de Cristo; eran discípulos formando discípulos. Al parecer ellos no tuvieron hijos, pero con su ministerio y por la obra del E.S su matrimonio y su casa fue cuna de discípulos de Cristo.

Un ejemplo claro de esta labor, fue la enseñanza que le dieron a Apolos cuando éste predica en Éfeso:“(Apolos) comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios (Hch.18:26)

Notemos que ellos no eran instructores de neófitos (nuevos creyentes) solamente, sino de aquellos que ya sabían gran parte del Evangelio, como el elocuente Apolos, ellos instruirían a quien fortalecería en un futuro a la Iglesia ubicada en Corinto, Aquila y Priscila eran maestros de las Escrituras. Con ternura, paciencia y compasión corrigen a uno de los grandes predicadores de la Iglesia primitiva, esa es una de las labores del discipulado, amonestarnos los unos a los otros. Apolos, como buen líder, recibe con un corazón abierto las enseñanzas de este matrimonio, no tuvo reparos en sentarse a los pies de una mujer y de un varón llenos del Señor. Ahora, notemos que Pablo tanto en Hechos como en Romanos nombra en primer lugar a Priscila. Es probable que ella haya tenido un gran celo por la obra del Señor, por eso Pablo (el “machista” Pablo), la nombra primero, pero de ninguna manera, conociendo la doctrina del Apóstol, esto significa que Priscila haya tenía algún dominio sobre Aquila, ¡NO! Ella es la típica mujer virtuosa, respaldaba el ministerio de su marido respetando el lugar y rol que el Señor le asigno, ambos, al igual que una moneda, tienen el mismo valor, pero poseen imágenes (roles) diferentes.

 

¿Qué es el discipulado? Podemos definirlo como el servicio básico que todo discípulo de Cristo realiza en favor de otros discípulos perfeccionando sus vidas en base al Evangelio a través de la obra del Espíritu Santo con el propósito final de ser semejantes a Jesús. Debemos indicar que el discipulado no es un evento especial para “algunos cristianos”, sino que es un servicio natural que todo creyente ofrece a otros. Uno de los puntos que combatió la reforma fue el sacerdocio universal, la Iglesia de la época creía que sólo el clero podía tener acceso a ofrecer servicios aceptables al Señor, pero 1 Pe. 2:9 nos dice que todos somos real sacerdocio. Martin Lutero dijo:

“La Iglesia Católica Romana debe reconocer que las llaves del Reino son el ejercicio del ministerio de la Palabra y esto es propiedad de todos los cristianos”

Tenemos sana doctrina en nuestras mentes, pero vivimos como si estuviéramos en la Iglesia Católica, creemos que el mandato de hacer discípulos es sólo para algunos, para los más consagrados. Aquila no era anciano o diácono, era un sencillo hacedor de tiendas, él comprendió que el discipulado es labor de cada miembro de una congregación, dispuso junto a su esposa, sus dones, sus recursos, su propio matrimonio en servidumbre por otros, eso es verdadero servicio discipulador, debemos entender que la Iglesia como institución no hace discípulos, son los discípulos, personas de carne y hueso, las que hacen discípulos, y en toda época cada discípulo  ha venido a existir por el ejercicio servicial de otro.

No existen dos clases de discípulos, aquellos que hacen discípulos y los que no, hay un solo tipo de discípulo, el mandato del Señor no dice “quédate pasivamente en tu lugar de descanso y vendrán a ti discípulos”, ese es el llamado que hace la gracia barata, sin costo, sin sacrificio, sin expiación, sin servicio, sin la Cruz, ese tipo de discipulado es una ofensa para quien vino a servir y no a ser servido (Mar. 10:45). El verdadero discipulado dice ¡ID y haced discípulos! (Mat.28:19) Esas dos letras cambian todo, es un llamado a abandonar nuestras propias carreras y nuestros propios deseos egocéntricos, es una invitación a orbitar en torno a la persona de Jesús.

Dietrich Bonhoeffer dijo: “Cuando Dios llama a un hombre él pide que venga y muera”, esa es una descripción fiel del discipulado de Cristo: la crucifixión de nuestra carne. Si no amas más a Cristo que todas tus relaciones horizontales no puedes ser su discípulo, si no llevas tu Cruz y le sigues no puedes ser su discípulo, si no te niegas a ti mismo no puedes ser su discípulo, si amas más tus posesiones que a Jesús no puedes ser su discípulo, si amas más tu vida que a Jesús no puedes ser su discípulo. No se puede suavizar, torcer o acomodar el costo del discipulado, si lo hacemos no estamos produciendo verdaderos discípulos.

David dijo: “No ofreceré a Jehová mi Dios sacrificios (servicios/discipulados) que no me cuesten nada (2. Sam. 24:24). El precio del discipulado es elevadísimo, nos cuesta nuestras propias vidas, pero ese es el precio a pagar por ganar el tesoro más grande de todos los tiempos: Cristo, porque si tenemos a Cristo lo tenemos todo. Pablo estimaba todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo, por quien perdió todo: su ascendencia judía, su celo escrupuloso por la ley, su reputación y todas sus credenciales. Pablo consideraba estas cosas como basura ¿Por qué estas cosas no le servían? Pues No ¿Por qué esas cosas eran pecaminosas? No necesariamente. Él las consideraba basura al compararlas con Cristo, al contrastarlas con su Señor no había asignación más adecuada para esas cosas que calificarlas como estiércol. Nuestros títulos, nuestras casas, nuestros trabajos, nuestra popularidad es basura si las comparamos con Cristo. Un discípulo sabe tasar la belleza de Cristo con todo lo demás.

Con esto en mente, considérate a ti mismo, ¿Eres un discípulo? ¿Has dejado atrás tu pasado para seguir al supremo llamamiento? ¿Tienes vida nueva? Como Aquila y Priscila ¿Estás en Cristo? La evidencia más clara y profunda de que eres un discípulo es que has hecho, haces y seguirás haciendo discípulos para la Gloria de Cristo. ¿Cuánto tiempo, dinero, servicios y sacrificios has hecho por aquellos que consideras tus hermanos? ¿A quién, actualmente has estado sirviendo con el discipulado?

Penosamente en muchas ocasiones las respuestas a estas preguntas llevan a un sin fin de interminables excusas: “Es que ese mandato fue para los discípulos directos de Cristo, no para mí” pero Pablo nos dice: Sed imitadores de mí como yo de Cristo (1 Cor. 11:1), y Pablo era un discípulo y misionero, nuestra misión es ser formados a la imagen de Cristo. El mismo Apóstol exclamo también ¡Ay de mí si no predico el evangelio! (1 Cor. 9:16), pero lamentablemente ese no es lema de la cristiandad hoy por hoy, la consigna de algunos es: ¡Ay de ustedes si no me sirven a mí! Son discípulos de sus propios vientres, que enseñan a otros como se les debe servir a ellos mismos, pero que no enseñan como servir a Cristo y a los demás. Las excusas crecen y se amontonan en nuestros corazones: es no tengo tiempo, no tengo la personalidad, no tengo el conocimiento, no tengo los recursos, no tengo el entusiasmo, pero lo que verdaderamente no tienes es a Cristo.

El verdadero discipulado, el de Pablo, el de Aquila y Priscila, no busca llenar a la Iglesia de gente, el verdadero discipulado trata de llenar a otros discípulos de Cristo y de su evangelio, para que ellos se transformen en nuevos discipuladores. ¿Cómo y de qué formas podemos discipular? Con tus dones, cada ministerio tiene por objetivo discipular, si eres parte del ministerio multimedia, finanzas, servicios de las mesas, recepción y ubicación de visitas o enseñanza, tienes como principal objetivo mostrar a otros a través de tus talentos la excelencia del servicio al Rey Siervo. Interésate en la vida de otro hermano, concierta reuniones para transmitir por medio de tu vida la Gracia que el Señor te ha concedido, el discipulado no es un estudio de teología sistemática, es orar, ministrar y servirnos los unos a los otros. Busca diligentemente estar en las instancias de enseñanza e instrucción, capacítate, ofrece tus dones, recursos y energías a otros. No todos han sido llamados de forma especial al ministerio de la Palabra como pastores o maestros, pero si es verdad que todos debemos abundar en conocimiento de Cristo, todos tenemos que amonestarnos, exhortarnos y animarnos los unos a los otros, todos tenemos la responsabilidad de servirnos en el ministerio de la Palabra.

Ahora, de forma especial, el matrimonio es la cuna de discípulos de Cristo, en el huerto del Edén el Señor nos llamó a tener hijos, es un don que un matrimonio puede o no tener (como es el caso de Aquila y Priscila), pero es absoluto que un matrimonio cristiano ha sido llamado para criar discípulos (hijos) e introducirlos a la Familia de la Fe, la cual definitivamente es la familia más importante, porque no se produce por un nacimiento natural, sino que es sobrenatural. Y los réditos de este servicio son invaluables:

 

“….no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna (Mar. 10:29-30)

El discipulado nos da una familia real AHORA y una herencia eterna en Cristo. ¿Por qué el matrimonio vendría a ser una cuna de discípulos? ¿Qué hay en el diseño del matrimonio que beneficie la labor del discipulado? Cuando Jesús envía a sus discípulos a la misión los envía de dos en dos (Mar.6:7); coincidentemente la única relación horizontal diseñada por Dios y compuesto por dos personas es el matrimonio, esta institución, es la unión de dos discípulos de Cristo que buscan criar nuevos discípulos. Y esto eran Priscila y Aquila, ellos nunca se mencionan por separados en la Escrituras, siempre estaban juntos, trabajaban, ministraban y enseñaban juntos, su discipulado se basaba en mostrar mediante sus vidas matrimoniales un retrato del servicio de Cristo, corregían en amor y humildad sus falencias, si alguno tropezaba el otro lo levantaba, su matrimonio era el taller donde hierro con hierro afilaban sus armas para discipular a otros,  reflejaban lo que Cristo y la Iglesia experimentan, amor mutuo.

Todos somos parte del discipulado, mamás discipulen a sus hijos, ellos son el foco principal de tu servicio en esta etapa de sus vidas, varones discipulen a sus esposa e hijos, jóvenes sean discipulados por hermanos y matrimonios maduros en la Fe con el propósito de perfeccionar su servicio, hermanas viudas, casadas o divorciadas sean maestras del bien y enseñen a las mujeres más jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos (Tito 2:3-4); niños aprendan la disciplina y amonestación de sus padres, sean discípulos, hermanos miembros y hermanos que nos visitan seamos discípulos de nuestros Pastores, IBGS “Id y haced discípulos”, seamos colaboradores del Reino de Dios.

  1. Hospitalidad: Amor en Acción (v. 5)

Saludad también a la iglesia de su casa

 

En Juan 13:35 el Señor dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” Una de las formas en que expresamos este amor a otros es el servicio de la hospitalidad, es parte de ser discípulos. Aquila y Priscila brindaron esta gracia al Apóstol Pablo en varias oportunidades y los Romanos encontraron en su hogar el amor fraterno de la Iglesia de Cristo. Transformaron su hogar en un hospital para los enfermos del alma, en una escuela para los discípulos de Cristo y en la habitación de la congregación de los santos.

La palabra hospitalidad viene del griego philoxenia que significa “amor hacia los extraños”. Y esta es la base para el servicio hospitalario: Cristo abrió las puertas de su hogar para aquellos que éramos “extraños” y “ajenos” a la patria celestial:

“En ese tiempo estabais separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo . . .Así pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios” (Efesios 2:12-13,19 LBLA)

 

Esa es la base del servicio hospitalario, Cristo como buen pastor nos ofrece pastos delicados donde descansar, nos ofrece agua viva para alcanzar reposo y nos adereza una mesa de exquisitos banquetes que sacian hasta el más hambriento pecador. Y este servicio, Dios lo brindo desde el principio en el huerto del Edén, donde al hombre se le concedió un espacio físico para vivir, trabajar, crear, ejercer autoridad, había comida, seguridad, recursos y un especial lugar para disfrutar de la creación y tener perfecta comunión con él. Este ejemplo de servicio lo debía seguir Israel:

“El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto (Lev.19:34)

La hospitalidad estaba en el centro de la idiosincrasia Israelita, el hecho de no ser hospitalarios era concebida como una maldición, porque no estaban reflejando el carácter hospitalario que Jehová demostró a Abraham y a los hijos de Abraham. Esa fue una de las razones por las que Dios destruyo a Sodoma:

“ no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso” (Ezequiel 16:49). Aunque sin lugar a dudas, el pecado principal de Sodoma fue la Sodomía.

 

La hospitalidad es un llamado constante para el pueblo de Dios, el autor de Hebreos nos dice: “No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Heb.13:2)

No puede existir amnesia en el ejercicio de este servicio en el creyente, esta labor debe ser realizada de forma permanente a otros discípulos de Cristo y también a los extraños que aún no conocen la Gracia. En el pasado, Abraham, Lot, Gedeón y Manoa hospedaron a ángeles sin saberlo, en este caso los invitados venían con un mensaje especial para los anfitriones, mientras que ahora, somos nosotros los anfitriones los que tenemos un mensaje especial para los invitados: el Evangelio de Cristo.


Jesús entro en una cultura donde el concepto de hospitalidad se basaba en diferentes tradiciones. La práctica griega de la hospitalidad consistía en que si un extraño pasaba fuera de una casa él sería invitado por la familia y el anfitrión le lavaría los pies y luego ofrecería comida y vino.  Sólo después de que el extraño se sintiera cómodo, el anfitrión podía preguntar su nombre. Esta práctica surgió de la idea de que los dioses estaban entre los hombres, y si fuiste un mal anfitrión para una deidad, sufrirías las consecuencias de la ira de un dios. La motivación de la hospitalidad evangélica es totalmente diferente, no concebimos a los hombres como dioses, sino que los concebimos como débiles y necesitados, y con nuestra hospitalidad les proclamamos al Dios de toda Gracia, la hospitalidad es buscar el reposo del otro, anhelar que resplandezca sobre otros discípulos el sol de Justicia del Séptimo día, en Hebreos 4 se nos cuenta que Israel no pudo entrar en el reposo de Dios ni pudo ofrecer reposo a las naciones, pero Cristo quien es nuestro reposo ofrece descanso a todo quien viene a él, y su Iglesia es invitada a ser parte de esa magnifica obra, al igual que Aquila y Priscila no podemos abrir nuestros corazones si no abrimos nuestros hogares; vamos en pos del ejemplo de Cristo quien abrió las puertas del cielo por siempre para los indignos, y ascendió nuevamente para prepararnos un lugar, para que donde él este nosotros también estemos.

Cristo llama al cansado a reposar en Él, al hambriento a comer de él, al quebrantado a ser consolado por él, al sucio de pecado a ser limpiado por él, al muerto en delitos y pecados a ser perdonado por él, ese el servicio que el brindo en la Cruz, nuestro deber entonces es crear un espacio para que las personas se den a conocer, para que sean realmente amadas y discipuladas. Nuestro Rey Siervo jamás cobro por este servicio, es más él nos dice en Isaías 55:1 comprad vino y leche sin dinero y sin costo alguno porque él costo de su hospitalidad redentora la pagó en la Cruz en favor de los suyos, él fue hospitalario sin murmurar, fue en busca de la restauración de sus discípulos, como en el caso de Pedro, a quien a pesar de sus tres negaciones le sirvió pan y pescado, restableció su ministerio y volvió a realizar el mismo milagro con el que lo llamo a sus caminos, ofreciendo hospitalidad redentora y como Rey de los hospedadores sigue ofreciendo lo mismo: Reposo para tu Alma.

La hospitalidad cristiana es un medio que debemos usar para el discipulado, en un mundo individualista la hospitalidad sigue siendo uno de los medios más eficaces para compartir el Evangelio. Hay hermanos aquí que han abierto las puertas de su casa y por ese simple hecho parte de su familia se han convertido al Señor (el caso de nuestra hermana Beatriz y su hijo Felipe), el mundo quiere comer y busca comodidad, como nunca antes hay programas de televisión sobre comida y decoración, pero todos quieren ser servidos, nadie desea servir, lo triste es encontrarnos con esa actitud en medio de la vid del Señor. ¿Cuántos hermanos conocen tu casa? ¿Cuántas veces durante este año has invitado a miembros de la congregación o hermanos que nos visitan regularmente a tu hogar? ¿Qué plan junto a tu esposa y familia has desarrollado para ejercer el servicio hospitalario? Una casa abierta a la hospitalidad es evidencia de un corazón abierto a la comunidad de discípulos de Cristo, si sólo recibes en tu casa a tu grupo habitual, entonces aun no has servido, porque Cristo sirvió a todos, por eso él es el primero. Quizás dirás: “Es que no tengo muchos recursos para invitar a los hermanos”, no es preciso mostrar grandes producciones culinarias o tener apoteósicos aposentos, el hecho de reunirse a tomar un café, orar juntos, interesarnos intencionalmente por la vida de otro creyente es un servicio hospitalario. Veamos el ejemplo de la Sunamita y Eliseo:

Y aconteció que un día pasaba Eliseo por Sunem, donde había una mujer distinguida, y ella le persuadió a que comiera. Y así fue que siempre que pasaba, entraba allí a comer. Y ella dijo a su marido: He aquí, ahora entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es un hombre santo de Dios. Te ruego que hagamos un pequeño aposento alto, con paredes, y pongamos allí para él una cama, una mesa, una silla y un candelero; y será que cuando venga a nosotros, se podrá retirar allí. (2 R. 4:8-10)

La sencillez y devoción de la sunamita es conmovedora, necesito solo una pequeña pieza, una cama, una silla y el candelero para cobijar al profeta del Señor, quien no exigio nada más. No necesitamos grandes comodidades para recibir a los hermanos, porque si ellos son discípulos de Cristo no exigirán ningún servicio innecesario, lo que necesitamos es el corazón hospitalario de Cristo en nuestras vidas y hogares. Sin duda, este servicio se puede ampliar para muchas personas, dependiendo de nuestras posibilidades, como es el caso de Priscila y Aquila. Ellos disponían de su hogar para toda una congregación (producto de su bienestar económico por el trabajo de hacer tiendas), probablemente entre 50 y 100 personas (incluyendo hijos), ofrecían sus habitaciones, los lugares de servicio y aseo, exponían su inmueble al desgaste, dispusieron sus voluntades a la recepción de cada visita y expusieron sus vidas al acoso de los Romanos, sin embargo, hoy el mundo nos cautiva con un catálogo sin fin de panoramas para el matrimonio: restaurants, visitas a viñedos, viajes, cine, resorts, que no son cosas malas en sí mismas, pero que tienen muchas veces nuestra prioridad, y eso refleja que sólo queremos ser servidos. Aquila y Priscila nos enseñan que mejor es dar que recibir (Hechos 20:35), que no podemos amar sin dar, si hemos sido huéspedes del Rey Siervo, entonces nosotros también debemos ser anfitriones que proclamamos la Gracia de su Evangelio.

Matrimonios y hermanos todos, ¿planificas tus vacaciones? ¿apartas dinero para salir a comer, para divertirte o en pasatiempos? ¿empleas tiempo y esfuerzos en hobbies y recreación? Todas esas cosas son legítimas, pero ¿has planificado con dedicación, sacrificio y excelencia la hospitalidad a otros hermanos? ¿de verdad debo dedicarme a ese nivel hacia otros? Cristo desde la eternidad planifico nuestro reposo en él, y nos ha llamado a amarnos los unos a los otros con la misma intensidad que él nos amó ¿No es entonces la hospitalidad un servicio básico que debemos ofrecer a los otros? ¿Qué excusa le daremos al Señor si la viuda de Sarepta ofreció hospitalariamente al profeta Elías lo último que le quedaba? ¿Qué le diremos a nuestro salvador si por nuestro descanso, él no tuvo donde recostar su cabeza, para que nosotros si tengamos esa bendición? Tú tienes dicha gracia, y si de gracia recibisteis dad de esa gracia, ella nos impulsa y enseña a temer a los mandamientos del Señor, nos muestra que somos deudores. Planifícate, presupuesta este servicio en tus gastos mensuales, saluda e invita a las visitas de nuestra congregación a compartir contigo, crea intencionalmente espacios de comunión en tu hogar para compartir con otros discípulos, enseña a aquellos que están débiles en su hospitalidad a ser hospitalarios, comparte el pan en tu mesa, consuela, exhorta, amonesta y ministra a otros.

  1. El Servicio Supremo (v.3-4)

 

Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles

 

¿Cuál es el servicio más grande de todos? Nuestro Señor lo describe así: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos (Juan 15:13) en el lenguaje del servicio es: “Nadie tiene mayor servicio que este: dar su vida por sus amigos”.

 

Amados, ¿Cuál es el límite de nuestro servicio? ¿Hasta que grado debemos amar y servir a los demás? Debemos amar y servir con la misma intensidad en que hemos sido amados por Cristo, quien dijo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45)

El pináculo del servicio del cristiano se encuentra en la imitación de aquel servicio que Cristo ofreció por su Iglesia. Aquila y Priscila lo entendían así. Ellos expusieron sus vidas, como matrimonio, en servicio de la vida del Apóstol, no se nos dice específicamente como fue que sucedió esto, aunque podemos especular que pusieron su cuello por Pablo (como dicen algunas versiones) en el alboroto en Éfeso descrito en Efesios 19. ¿Por qué Priscila y Aquila fueron capaces de experimentar este servicio? Este matrimonio conocía la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo, y ese tipo de amor, excede cualquier otro que exista. El amor de Cristo por su pueblo no se puede comparar con ningún amor horizontal que se pueda experimentar, ni el de una madre, ni el amor que tenemos por nuestros hijos o por nuestras esposas, nada se puede comparar al  amor que Cristo ha derramado en nuestros corazones; las vidas de Aquila y Priscila atestiguan sobre esto, ellos estaban dispuestos a morir juntos por Pablo, es decir, el amor que experimentaban hacia su amigo era mayor al que tenían por su matrimonio, John Piper describe así esta verdad:

Conocer a Cristo es más importante que nuestros matrimonios, valorar a Cristo es más importante que tener hijos, estar unido a Cristo es una fuente de éxito matrimonial mayor que el sexo perfecto y la prosperidad que brinda tener dos sueldos”. (Pacto Matrimonial, p.176)

Debemos vivir y morir para Cristo, ambos servicios son una máxima en el Cristianismo ¿pero como sabemos que es una realidad en nuestras vidas? Viviendo y muriendo por nuestros hermanos:

En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos 1 Juan 3:16

El servicio más alto que se puede ofrecer tiene un costo, reflejar el carácter verdadero del amor bíblico siempre posee un costo, no existe verdadero amor sin perdida y sin sacrificio. Nuestro servicio y amor por nuestros hermanos no puede ser más barato que el costo que el Padre ofreció en la Cruz: la vida de su Hijo. ¿Qué nos puede impulsar a ofrecer este servicio con tal magnitud?

Un Cristiano sirve a otro dando su vida porque tienen todo en común, son hijos de un mismo Padre, tienen el mismo hermanos mayor, tienen las mismas promesas, pertenecen a la misma embajada, pertenecen al mismo Reino, son uno en Cristo, tanto los creyentes de esta Iglesia como los de cualquier continente poseen el mismo denominador común: han sido comprado por precio, y jamás nadie ha comprado algo para no usarlo, nuestras posesiones las usamos con un propósito, con un fin, y el mandamiento de Cristo para su especial tesoro, para su Iglesia es que nos amemos con el tipo de amor con que él nos amó. Cristo le pregunto a Pedro: ¿Me amas? Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas (Juan 21:16); en el lenguaje del servicio es: Si me amas, Sirve a mis ovejas, ama a mis ovejas, muere por mis ovejas, así como el Buen pastor dio su vida por sus ovejas.

Amados, nuestros afectos más profundos deben reposar donde están los afectos de Cristo,  y ese lugar es su Iglesia (nuestros hermanos); en la vida del Apostol Pablo reposaban los afectos más profundos de Priscila y Aquila.

Ellos nos fueron un matrimonio millennial, que buscaba la compañía del otro para autorrealizarse, ellos ofrecieron su yugo matrimonial en servidumbre al cuerpo de Cristo ¿Cómo está el tuyo? ¿Dispones tu matrimonio como un sacrificio vivo a tus hermanos? Pero, hermano, yo pensé que el matrimonio era para mí, no para ustedes, pues no, tu matrimonio es de Cristo y él desea que lo ofrezcan como una ofrenda agradable a él, practicando el amor de hecho y no de palabra sobre sus discípulos, porque el cristianismo es la religión del amor “de hecho”, del amor y el servicio en acción.

¡Que afectos despiertan en nosotros los nombres Aquila y Priscila! Pensamos en devoción, compromiso, servicio y sacrificio. ¿Pero qué ideas vienen a tu mente cuando escuchas los nombres de Ananías y Safira? Ellos son la antítesis de Aquila y Priscila, robaron del precio de la venta de una heredad que iba en favor de la Iglesia de Cristo, mintieron al Espíritu Santo, retuvieron sus vidas para sí mismos en vez de ofrecerlas al cuerpo de Cristo, tratando de salvar sus vidas la perdieron, amaban más al dinero que a Dios, que a su pueblo, y nadie que ame más sus posesiones que al Señor puede ser su discípulo, elaboraron un plan con el fin de mostrar exteriormente que amaban a los demás, pero Dios demostró lo que había en sus corazones.

¿A quien te pareces más? ¿A Aquila y Priscila? O ¿A Ananías y Safira? ¿Cuál de estos dos  matrimonios describe tu vida?

 

Richard Wurmbrand​ fue un pastor luterano en Rumania, paso 14 años en cárceles comunistas por confesar a Cristo, tiempo de salir de la cárcel, el congreso invito a todos los pastores de Rumania, entre ellos a él quien fue junto a su esposa. Los parlamentarios iniciaron su discurso tratando de convencer a los pastores que la fe Cristiana y el comunismo eran compatibles, todos los pastores presentes empezaron a comulgar con esta idea, el pastor Richard y su esposa estaban sorprendidos, su esposa Sabina le dijo a Richard que se levantará y que detuviera tal blasfemia en contra de la Fe, él le dijo: “Si yo hago eso tu pierdes a tu marido”, ella dijo: “No importa, ellos están escupiendo a la cara de mi Señor”. Ella comprendía que su Señor era Cristo, no su marido, su Amor por Cristo excedía al amor que tenía por su marido, amigo y pastor, no podía soportar la idea de que su Salvador fuera vendido a ideas humanistas.

Ese es el tipo de Amor que debe abundar en nuestros corazones, si no amas así al Cordero no podrás desposarte con él, si no amas así a su pueblo no participaras de sus bodas, porque él jamás desposará a quienes no sientan nada de amor por él y los suyos. Como dice David Platt, constantemente pensamos que: “Si es peligroso, Dios no debe estar allí, si es arriesgado, si es inseguro, si es costoso no debe ser su voluntad” (Radical, pág. 158); pero si quieres una vida sin problemas, sin peligro, sin sacrificios, sin servicios que ofrecer, entonces aléjate de Jesús, porque el costo por seguir a Cristo aumentara en la medida que estés más y más cerca de él, de la misma manera, si quieres comodidad en tu vida, aléjate de la Iglesia, no vivas para los pequeños del Reino, vive una vida informal, bajo la rutina religiosa, y empezaras a observar como el mundo te empieza a querer y como más y más te alejas de la vida en comunidad, pero debo decirte que deseando salvar tu vida la perderás.

El Señor te dirá aquel día:

“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. “Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recibisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.” Entonces ellos también responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o como forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” El entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de éstos, tampoco a mí lo hicisteis.” Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna.” (Mat. 25:41-46)

Si quieres estar más cerca de Cristo, tu vida, como la conoces, la perderás, pero Cristo la salvará porque tu nueva vida estará en sus manos, si quieres estar más cerca de él, entonces quédate cerca de su Iglesia, apaciéntala, sírvela, arriésgate por ella, amala, si quieres estar cerca de Jesús, empeña todos tus recursos por la excelencia del conocimiento de su Amor, tu matrimonio, tus hijos, tu trabajo, tus dones y cuando pases a la eternidad él buen Pastor te dirá:

Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor(Mat:25:21)

 

 

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