El Gran Día del Señor

El Gran Día del Señor

Texto Base: Malaquías 4:1-6

Hemos llegado al final de la serie del libro de Malaquías: ¿A quién honran ustedes? Ha sido una travesía llena de profundas enseñanzas sobre la piedad y el despertar espiritual que debe experimentar una Iglesia. Quisiera expresar un profundo agradecimiento a nuestros pastores, Álex Figueroa y Esteban Gálvez por recomendar el estudio de este hermoso libro, al Pastor John Benton quien predico sobre este libro en el año 1982 a su congregación, dejando como legado un sustancioso comentario llamado “Cuando se pierde el contacto con Dios” que nos ha servido para poder enriquecer los sermones, y a Gary Smith quien ha proporcionado el nombre de la serie y títulos de varios sermones.

En el último sermón titulado ¿Honran ustedes a Dios con su servicio? Estudiamos como nuestras palabras crean el ambiente en donde nos desenvolvemos, evidencian lo que reina en nuestros corazones y fijan nuestro destino eterno, el Señor ha determinado que nuestras palabras tengan un valor significativo. Los judíos declaraban que era inservible servir a Dios y guardar sus mandamientos, lo cual se puede traducir como “No hay provecho en amar a Dios”, las palabras de este grupo de judíos escarnecían el servicio de quienes deseaban servir al Señor y al mismo tiempo exaltaban la prosperidad temporal de los soberbios, envidiaban lo que ellos poseían y no tenían contentamiento en la provisión del Señor. Pero Malaquías consuela a quienes sí deseaban agradar el corazón de Dios, de quienes tenían un buen tesoro en sus corazones plantado por las semillas del Evangelio, el Señor reconoce a este grupo como a su especial tesoro, y él escribiría un libro recordando las maravillosas obras que este pueblo realizaría en su nombre, obras que no son más que el fruto de la obediencia del perfecto Hijo de Dios plasmadas en su pueblo. Finalmente es Cristo quien hace la diferencia entre el justo y el injusto, entre el soberbio y el humilde, es su sacrificio en el calvario el que justifica a los pecadores arrepentidos, y él es también quien separará a las ovejas de los cabritos atrayendo a su tesoro (segulá) a sí mismo para siempre.

Así fue como acabamos el último dialogo entre Dios y Judá. Ahora, en el epílogo de esta profecía, solo encontramos palabras emitidas por Dios, porque él siempre tiene la última Palabra.

La implacable ira de Dios (v.1)

Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

Lo que estudiaremos son las últimas palabras que encontramos en el A.T; sin duda, cualquier pasaje de las escrituras debe ser estudiada con una profunda solemnidad, pero también debemos considerar que Malaquías es el último profeta de este testamento, así que, con un respetuoso cuidado debemos acercarnos a esta profecía. El Señor le dice a su pueblo, que se acerca aquel “día ardiente como un horno”, y Malaquías inicia con las palabras “He aquí”; que es equivalente a decir “ciertamente esto sucederá”. Este día es inminente, no habrá salida, no existirán puertas de escape, este día es definitivo; este evento es tan seguro como el levantamiento del sol por la mañana. Por lo tanto, las decisiones que cada uno de esto judíos tome son concluyentes, definitivas y eternas, este anunciamiento tiene como único propósito señalar que la calidad de nuestra relación y servicio actual a Dios determinará un futuro con él o sin él, la relación que tengamos con el Hijo de Dios en esta vida determinará nuestro futuro eterno.

Recordemos que los judíos en el capítulo tres preguntaban ¿Dónde está la justicia de Dios? Muchos de ellos no sabían lo que pedían, de la misma manera mucha gente hoy anhela la mas abrasadora de las justicias sobre las sociedades corruptas, sin embargo, no nos percatamos de que si el Señor mirara a nuestros pecados ¿Quién podría mantenerse en pie? El mundo quiere omitir esta realidad, ignorar la venida de este día, como lo hacía una porción de los judíos, pero al mismo tiempo, en este periodo la segulá de Dios anhelaba este acontecimiento, porque es el mismo día descrito en Malaquías 3:17; en donde el Señor nos dijo que él actuará y evidenciará de una forma poderosa el perdón sobre su pueblo, por lo tanto, el mismo día de castigo para los malos será un día de libertad para el pueblo del Señor.

La humanidad siempre se ha empeñado en describir para sí un destino diferente al descrito en la Biblia, por ejemplo, el marxismo propone en su escatología la liberación de la humanidad, el desarrollo de la cultura y el bienestar, la abolición de la explotación, de los privilegios y las desigualdades, el fin de la discriminación, sin embargo, ni el comunismo ni ninguna otra ideología puede responder al problema del mal en la historia, o al problema de la paga del pecado, que es la muerte ¿Cómo la pueden resolver? Ni el comunismo, ni el naturalismo, ni el liberalismo, ni ningún ”ismo” a parte del Cristianismo pueden dar solución a estos problemas. Los esfuerzos de los hombres por encontrar una puerta de escape alternativa a la puerta de las ovejas que es Cristo son infructuosos, todos daremos cuenta ante el tribunal del Señor, esto es inevitable, todos tenemos una cita con el hijo del Hombre.

Este momento de la historia de la humanidad es descrito en el texto como un “día ardiente como horno de fuego”, y constantemente la cultura caricaturiza el infierno, el castigo eterno, como un lugar de diversión y de continuo placer. Hablando sobre este tema en un desayuno junto a un colega, él me decía que si se iba al infierno él seguiría disfrutando de las cosas que más les gusta hacer, y en ese momento quise ilustrarle la realidad del infierno, y le consulte si recordaba una escena de la película del  Señor de los anillos, donde Frodo y Sam están cerca de cumplir su misión de destruir el anillo de poder, al subir la montaña del destino Frodo no puede más, y su amigo Sam le anima recordando lo hermoso de la comarca, que era su pueblo natal, él le habla del arroyo, de los verdes pastos, del sabor de las fresas, de todo lo sublime que existía en el lugar que habían habitado, sin embargo, Frodo dice que lo único que le consume es la oscuridad y no recuerda ninguna de esas cosas, el infierno es eso, la ausencia de cualquier misericordia que Dios despliega hoy sobre la humanidad, en el infierno hay un absoluto retiro de cada deleite que hayamos experimentado en esta vida, es un horno ardiente sin salida, voraz, insaciable y eterno. Cada deleite le pertenece al Señor, es en el cielo, donde los soberbios no desean estar, en donde se manifestarán cada una de esos dones. J.L Packer nos dice:

“La Escritura ve al infierno como una decisión propia… Todos reciben lo que realmente desean, ya sea estar con Dios para siempre, adorándole, o sin Dios para siempre, adorándose a sí mismos”.

¿Por qué Dios es tan drástico en su castigo? Porque cada pecado es una ofensa infinita a su carácter, y si no hay castigo por el pecado esto indicaría una falla en la justicia de Dios y una derrota en sus propósitos. La existencia continua y eterna del infierno y sus ocupantes reflejan la santidad y justa oposición de Dios hacia el mal, nuestro pecado merece el castigo infinito a causa de la Gloria infinita de Aquel contra quien se hace, como dice John Piper:

“Lo esencial es que los grados de culpabilidad no provienen de cuánto tiempo uno ofenda a la dignidad, sino de qué tan alta es la dignidad que uno ofende” (Alégrense las Naciones, p. 127).

Amados, este gran día nos enseña que todo pecado será castigado, y la paga del pecado es la muerte, por eso los injustos pagarán con su muerte eterna cada uno de sus pecados, y este pago no es sólo por ofender al Señor sino también por atribular a los Santos de Dios. Pablo nos dice en 2 Tes. 1:6 que es “justo delante de Dios pagar con tribulación a lo que os atribulan”, nuestro Señor justamente escarnecerá a los escarnecedores, delante de Dios estarán temblando como una hoja de papel todos los perseguidores de la Iglesia de Cristo a lo largo de los siglos, el clamor del cielo descrito en Apocalipsis 6:10 que dice ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Será respondida definitivamente, Cristo hará justicia al volver, hoy hay “Cristianofobia”, a lo bueno se llama malo y a lo malo bueno, pero en este día seremos vindicados como pueblo de Dios de forma definitiva.

Ahora, Malaquías nos dice que, existen dos tipos de fuego, está el fuego que purifica a los Santos, que tiene su origen en el mismo Dios, quien es fuego purificador (Mal.3:3), y tiene la finalidad de limpiar a su pueblo de sus pecados, en cambio el fuego de este horno tiene como único fin destruir eternamente a los malos y soberbios, quienes son el eterno material que arderá como una estopa (que es un material fácilmente inflamable Jue. 16:9), el Cristiano pasa por el fuego en su preparación para la ciudad celestial, nuestra estadía sobre las llamas es pasajera, mientras que la de los condenados es eterna, estos hombres y mujeres están hinchados de pecado, y son sus pecados los que inflaman la ira de Dios con un calor abrasador en el lago de fuego.  Estos hombres y mujeres eran envidiados por su aparente prosperidad, adquirían fácilmente lo que deseaban, sin embargo, ningún ser humano puede comprar su futuro, porque eso le pertenece al Señor, él compro nuestro futuro y nuestra estadía en las moradas celestiales en la Cruz del calvario, y Pablo nos dice en Romanos 8:30 que:

ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir.. nos pueden separar de su amor (Porque estamos enraizados en la vid verdadera)

Este ultimo día escatológico abrasará a los malos, se convertirán en carbones de la ira de Dios, y el texto dice que el Señor no dejará ni raíz ni rama, esto quiere decir que no habrá segundas oportunidades, porque no habrá posibilidad de volver a empezar, no brotarán más vástagos de maldad sobre la nueva Jerusalén, sólo permanecerán las raíces vinculadas al árbol de la vida, los enemigos de Dios serán quitados de la tierra como  maleza, ellos son los cardos y los espinos de la humanidad (Is. 10:17), son el último vestigio del poder corrupto del pecado sobre la tierra. Probablemente muchos de ustedes han luchado con quitar las malezas de sus patios, y es una tarea que se debe realizar cada cierto tiempo en nuestros jardines, pero para eliminarlos de forma definitiva se debe aplicar fuego, de la misma manera Dios derroto de forma sistemática a los enemigos de su pueblo durante toda la historia, él derroto a Egipcios, a los Asirios, a los Babilonios pero siempre los malvados volvían a aparecer, como dice el Salmo 92:7 “los impíos brotan como la hierba”, sin embargo, el Señor de forma definitiva raerá a los pecadores (Is.13:9); a los enemigos de su pueblo, cuando Cristo vuelva dice Mateo 3:12 que el Señor limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

Dios ha permitido que el trigo y la cizaña crezcan juntas, ambos han madurado a la luz del sol, pero la madurez de los malos sólo precipita su destrucción: la sequedad de su raíz es la preparación para que sea completamente consumido, los judíos pensaban que su preservación se debía a su aparente devoción, pero se olvidaban que toda adoración vacía tiene un fin, los mismos fariseos de la época de Jesús crecieron junto a los discípulos, creían que sus tradiciones y sacrificios triviales podían reconciliarlos con Dios, sin embargo, el ministerio de Cristo los secó totalmente y dejaron de existir, de la misma manera hoy, en IBGS pueden coexistir el trigo y la cizaña, algunos de ustedes están enraizados a la vid verdadera, pero otros creen que su crecimiento es evidencia de  estar injertados en Cristo, pero lo único que crece en sus corazones es el amor al pecado, realmente no hay una vida espiritual, si dices estar unido a la vid verdadera ¿Cuál es la relación que hoy tienes con él? ¿Cuál es la relación que tienes con el pecado? ¿Con quién deseas estar en la eternidad? ¿Ha bajado la marea del pecado en tu vida? ¿Cuáles son los pensamientos que reinan en tu mente? Y la pregunta que escudriña nuestros corazones es ¿Amas a Cristo? Toda esta gran advertencia es una muestra más de la misericordia de Dios para nosotros, diciéndonos, examínense a vosotros mismos para ver si están en la Fe (2 Corintios 13:5); y si no estas en la fe, si aun eres cizaña, ven a Cristo en arrepentimiento y fe, él siempre está dispuesto en salvar un tizón del incendio de la condenación.

Finalmente, el día del Señor en el A.T es visto como un día en el futuro cercano, en el cual Dios traerá destrucción repentina sobre los enemigos de Israel. Abdías, por ejemplo, vaticina la destrucción de Edom, y se le denomina el día del Señor. Malaquías 1:4 nos mostró que el Señor no dejaría que Edom se edificará, sino que los destruiría, sin dejar raíz en ellos. Pero al mismo tiempo, el día del Señor es una referencia al día escatológico final de juicio y redención, es lo que se denomina teológicamente como perspectiva profética, dos eventos se ven juntos en una misma visión como un día cercano del Señor y uno lejano y definitivo, es como subir por un monte y vislumbrar una montaña, sin embargo, al subir a la cúspide del monte podremos observar otros montes que anteceden a la gran montaña.  Por ejemplo, Isaías 13 nos muestra la destrucción de Babilonia y al mismo tiempo el último día escatológico del Señor, como si fuesen a suceder en un mismo día, en una única visitación divina. Acompáñenme a Malaquías 1:5, recordemos que Dios le prometió a su pueblo que ellos verían este día con sus propios ojos, los judíos de esta época experimentaron la liberación de Dios cuando él destruyo a los Edomitas (Abd. 1:18), de la misma manera siempre el pueblo de Dios ha visto como nuestro Señor ha disipado a sus enemigos, y aun nosotros podremos vislumbrar grandes victorias de nuestro Señor con nuestros ojos, pero llegará el día final, cuando él hará justicia definitiva, y quienes observen su manifestación no será un grupo específico de redimidos, sino que todo ojo le verá. (Apc.1:7), los ojos de cielo y la tierra observaran la gran victoria del Cordero de Dios.

Cristo, el Sol de Justicia (v.2)

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

Malaquías describe al pueblo de Dios de una forma sencilla: “los que temen el nombre de Dios”. ¿A qué le temes? ¿Temblaste mientras se exponía el primer punto de la predicación? Cualquiera podría temblar ante estas primeras palabras de Malaquías, pero para el pueblo de Dios el mayor temor no es la realidad del infierno o la condenación, sino que su mayor temor es ofender a quien ama, su Señor. Cualquier ser humano tiembla ante la silla eléctrica, o ante una ejecución, pero Malaquías no nos pregunta si le tememos a la muerte, la pregunta siempre es ¿tiemblas en la presencia de Dios porque le has ofendido? Y al mismo tiempo ¿tiemblas ante la presencia del pecado para no ofenderle nuevamente?  Este es el carácter singular de los santos, aún en nuestros peores momentos espirituales, seguimos temiendo al Señor.

Un ejemplo claro de esto es Jonás, quien en su estado pecaminoso huía del Señor, pero en aquel barco que lo llevaba lejos de Nínive dijo “Soy Hebreo, y temo a Jehová” (Jon.1:9); él se describió como parte del pueblo de Dios, soy Hebreo, y que su característica fundamental como Hebreo es que en su corazón habitaba un profundo sentido del temor a Dios, no todo el que desciende de Israel es Israelita, no basta con decir, soy Cristiano, la evidencia de nuestra conversión es el temor a Dios (Jer.32:40). Jonás, a pesar de su inconsistencia como creyente, no dudo en expresar su temor a Dios, no trato con ligereza la situación, él no podía pecar con facilidad, en su corazón habitaba un fuerte sentido de la grandeza de Dios, él sabía que el pecado tiene grandes consecuencias, por lo tanto, quien teme a Dios tiene una clara visión de quien es él y quien es Dios. El temor al Señor es la marca de su rebaño, es el antiséptico contra el pecado y nuestra puerta de acceso a la santidad.

Sobre los rostros de los que temen al Señor se derrama una gran bendición, sobre ellos nacerá el Sol de Justicia. El día del Señor es condenación para los malos, pero es una extraordinaria provisión para aquellos que tienen hambre y sed de justicia. Un mismo evento tiene dos resultados diferentes, el sol abrasador puede derretir grandes glaciares, pero al mismo tiempo puede endurecer el barro. De la misma manera la venida del Sol de Justicia condenará a unos y bendecirá a otros, el tiempo de la justicia implica el aborrecimiento infinito de la injusticia.

Vamos al Salmo 49:14- 15:

Como a rebaños que son conducidos al Seol, la muerte los pastoreará, Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; Se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada. Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, Porque él me tomará consigo”.

La paga del pecado es la muerte, y la muerte eterna será el pastor de los que no temen su nombre, pero que dice el texto: “más los rectos se enseñorearan de ellos” ¿Cuándo? ¿en qué momento del día? “Por la mañana”, cuando raya el Sol, el tiempo de la extraordinaria ayuda divina de Dios, cuando el Sol de Justicia ascienda nos capacitara con su perfecta justicia para enseñorearnos de los malos. No ignoremos que los hijos de Dios juzgarán al mundo (1 Cor. 6:2), porque Cristo nos ha dado todo lo que le pertenece, incluyendo su trono de Justicia, por eso el verso 3 del texto de Malaquías dice que hollaremos a los malos, que serán ceniza bajo la planta de nuestros pies en el día en que él actué. Según Efesios 1:22 Cristo sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia. El amor de Cristo hacia su Iglesia es tan íntimo, profundo, ilimitado, indisoluble e inmutable que su victoria la comparte con su segulá, con su especial tesoro. La Iglesia participa de esta victoria no con un ánimo escarnecedor, recordemos que ni el Señor desea la muerte del impío, sino que desea que éste se arrepienta, pero el gozo y la alegría de esta victoria no se fundamenta en nuestro desempeño sino en la venida y obra del Sol de Justicia, quien trae sobre sus alas Salvación.

Ahora, la figura del sol en este texto es símbolo poderoso, sin el sol no es posible la vida, de la misma manera sin el Sol de Justicia no es posible la vida espiritual, el sol es la fuente de energía y vitalidad de cada ser vivo en este planeta, sin su fuerza de gravedad el sistema solar colapsaría, cada planeta se desvaría de su órbita, de la misma manera sin el Sol de Justicia no tenemos dirección ni rumbo. Antes los hombres pensaban que el sol giraba alrededor de ellos, pero es al revés, la tierra gira alrededor del Sol, de la misma manera, el sistema antropocéntrico es un sistema falso, Dios no gira alrededor de nosotros, nosotros debemos girar alrededor del Sol de Justicia, nuestras vidas deben ser Cristocéntricas, y el parámetro para medir nuestra centralidad en Cristo y en las escrituras será la consideración que tengamos del Evangelio. Agustín de Hipona dijo lo siguiente:

“Si crees solo lo que te gusta de los evangelios, y rechazas lo que te desagrada, no crees en el evangelio, sino en ti mismo”. Cada domingo eres expuesto a las verdades bíblicas, si sólo retienes aquello que es deleitoso a tus ojos y conveniencia, y no recibes todo el consejo de la palabra, entonces estas viviendo una vida antropocéntrica donde giras alrededor de tu gran ídolo, tu mismo, estas lejano a las órbitas de amor trazadas por el Espíritu Santo. Si tu relación con el dinero, el sexo, el poder, o cualquier otra cosa creada está fuera de control, es porque el Sol no está en su centro. Cuando Dios y su gloria están en el lugar correcto, gobernando nuestras vidas, todo lo que Él ha creado puede servir para sus propósitos, de lo contrario las cosas pasajeras de este mundo pasan a estar en el centro de nuestras vidas y orbitamos sin destino ni propósito.

Cada mañana el calor y luz del sol regulan la presión y la temperatura del ambiente, los rayos luminosos permiten reacciones químicas sobre nuestra piel que producen las vitaminas que necesitamos diariamente, sin la luz del sol no habría fotosíntesis, y sin fotosíntesis no tendríamos el oxígeno que nos proporcionan las plantas, sin el Sol no podemos vivir, de la misma manera separados de la vid verdadera nada podemos hacer. Cada segundo el sol proporciona una energía equivalente a un millón de bombas atómicas, y su energía es capaz de alcanzar 15 trillones de kilómetros, distancia que supera con holgura a la posición de Plutón, esta energía es gratuita y de largo alcance, de la misma manera la sangre de Jesús tiene el poder suficiente para alcanzar los más oscuros y recónditos lugares del corazón humano, su Salvación al igual que la energía del Sol es gratuita, emana de su hermosa gracia. Observemos, este Sol  de Justicia, Cristo pudo haber sido caracterizado como un Sol de bondad, de misericordia, de paciencia, etc. Y realmente él posee todos esos atributos, pero la necesidad primordial del hombre, es ser revestido de justicia, porque todas nuestras propias justicias son como trapo de injusticia, y la única fuente de justicia verdadera para el hombre es Cristo, la Justicia de Dios se ha revelado a nosotros por medio de la Fe que tenemos en el perfecto Hijo de Dios, en su bendito evangelio: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él (2 Cor. 5:21)

Querido amigo y hermano, debes exponerte a este Sol, no hay Salvación fuera de sus alas, quizás estas encendiendo tu propio fuego, esperando calentarte con las brasas de tu propia leña, de tu propio desempeño, pero, aunque prendieras todo un bosque de bondades humanas, nada se compararía con el potente resplandor del Hijo del Hombre. ¿Cuál es tu excusa para no exponerte al Sol de Justicia? Su luz no se empobrecería si tu te expones ante su luminiscencia, él no será menos brillante, sus rayos son imparables e incontaminables, su luz es pura, no es como el agua, el aire, o la tierra que se pueden contaminar, por eso las escrituras dicen que Dios es luz y no hay tinieblas en él, Jesús nos dijo: “Yo Soy la luz del mundo”, por lo tanto, hay una fuente de luz inagotable para todos aquellos que tengan hambre y sed de Justicia, todos ellos serán saciados. Quizás dirás es que he estado demasiado tiempo en la oscuridad, estoy muy frío:“pero ¿qué tempano de hielo fue demasiado frío para que no sea derretido por el sol? ¿Qué invierno fue demasiado severo para que el sol no lo convirtiera en verano? Aunque pienses que estas marchito, seco, frio, entrégate al Sol de Justicia, su sanidad viene con sus alas, y él te calentará hasta que estés cargado de buenos frutos” (Charles Spurgeon)

Pablo nos dice: Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Cor. 4:6)

Post Tenebras lux, después de las tinieblas luz, ese fue uno de los lemas de la reforma, en la creación cada día se describía iniciando en la tarde y concluyendo en la mañana, porque nuestro día partió en oscuridad, todos caímos con Adán en el huerto, pero cuando amaneció sobre nuestros corazones el Sol de Justicia pasamos a estar en un continuo día, en la nueva creación que tenemos en Cristo todas las tinieblas han sido disipadas. Amados, ¿Cómo sabemos que estamos revestidos de luz? Hace un rato cantamos “es tu Ley Señor, faro celestial que en perenne resplandor norte y guía da al mortal”, la luz del Sol de justicia emana desde su Palabra, es la única fuente de Luz verdadera, por lo tanto, llena tus ojos de la palabra, porque si tu ojo es bueno todo tu cuerpo estará lleno de luz (Mat.6:22). Apocalipsis 12:1 nos muestra a una mujer vestida del Sol, su Iglesia, ella está vestida de la luz de su Salvador, ¿quieres saber si has sido expuesto a la luz? Mira tus vestidos, ¿son tuyos o son ajenos a ti? En Cantar de los cantares 1:6 se nos dice: “No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró”, mira tu piel espiritual ¿Es blanca? ¿O es morena porque has estado en el campo de tu amado trabajando para él y para su pueblo?

Finalmente, la más clara evidencia de que has sido revestido de la justicia de Cristo es que saldrás del confinamiento en el cual estabas encerrado, serás libertado de las ataduras del pecado, el texto dice saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Los malos serán encerrados en un horno de fuego ardiente, su pastor será la muerte, pero los justos serán libertados, saldrán de la oscuridad, pero al mismo tiempo entrarán a los pastos del buen pastor (Juan 10:9). Entendamos la figura, los becerros eran encerrados en la noche en los establos, y eran amarrados con un cabestro, pero cuando salía el sol el ternero era liberado del potrero, quedando en total libertad, de la misma forma el hijo de Dios puede estar en el cautiverio de Babilonia, el recuerdo de sus pecados pasados y la presente incredulidad pueden ponerle un cabestro de angustia en su corazón y mente, pero cuando el Señor se revela a nosotros, nuestras vidas quedan en absoluta libertad, y experimenta un intenso deleite en el Evangelio y en la victoria sobre los malos:

Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, Y huyan de su presencia los que le aborrecen.  Como es lanzado el humo, los lanzarás; Como se derrite la cera delante del fuego, Así perecerán los impíos delante de Dios. Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios,  Y saltarán de alegría (Sal. 68:1-3)

Si hemos sido expuestos al Sol de Justicia, entonces, indefectiblemente explotaremos de gozo y alegría, experimentaremos un adelanto del cielo, porque en su presencia hay plenitud de gozo (Sal.16:11), y como dice John Piper, “el gozo es incompleto hasta que se haga completa en Alabanza”, nuestro gozo se completa cuando compartimos en manada la libertad que tenemos por el poder del evangelio, no es una alegría individual, sino colectiva, la manada pequeña del Señor salta porque concibe al Sol de Justicia como la única fuente de gozo eterno para su alma.

Esperando en la ley y los profetas (v.4-6)

Estos últimos pasajes del A.T son el puente entre lo nuevo y lo viejo, entre lo que Dios ya ha dicho y lo que dirá a través de su Hijo y sus apóstoles. Malaquías quiere que miremos en retrospectiva a la ley de Moisés, recordemos que una porción de los judíos de esta época se preguntaba ¿Qué provecho hay en guardar su Ley?, ignoraban la crucial importancia que tiene recordar y guardar sus mandatos en nuestra vida cristiana.

Sabemos que el futuro le pertenece al Señor porque el pasado ya le perteneció, él trazo un camino, su pueblo peregrino el sendero diseñado por sus manos y ninguna de sus promesas decayó. Mirar hacia atrás en la historia de nuestro pueblo nos reorienta y da esperanza, porque es una historia llena de victorias por parte del Señor, y al mismo tiempo una historia llena de fracasos humanos que nos enseñan a vivir dependientes de Dios. El Señor pide específicamente que se acuerden de su Ley, la cual, según los Salmos, es perfecta, deliciosa y verdadera, nadie debería olvidar algo que posea estas características, nuestro Señor nos recuerda este mandato sabiendo de nuestra fragilidad e inconstancia. Malaquías es el último profeta del A.T y se aproxima un periodo de silencio de más de 400 años, por lo tanto, era urgente escribir estas palabras en la última profecía del A.T alentando al pueblo del Señor a continuar en la espera del Mesías, porque en ausencia de profetas, muchos se olvidarían de la ley. Este periodo de silencio por parte de Dios tenía varios propósitos: lo primero es hacer evidente en medio de Israel que pronto el Mesías vendría a poner fin a su adoración vacía que no suponían ningún sacrificio, evidenciar con su silencio su enojo hacia un pueblo rebelde y contumaz, pero también preparar el camino del Mesías, Calvino al respecto dijo: “Dios dejó de enviar profetas por un tiempo, para que los hombres buscasen a Cristo con mayor deseo”. Él deseaba que su remanente se preparara para la venida del gran Rey. El mismo mensaje es para nosotros, no tenemos apóstoles ni profetas, nuestro Señor no está con nosotros físicamente, pero nos ha dejado un testimonio aún más amplio que a los creyentes de la época de Malaquías y ha enviado al Consolador para recordarnos su Palabra y trabajar en nuestros corazones:

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1:19)

La Palabra escrita de Dios por su misma naturaleza es más segura que cualquier experiencia, fue la Palabra la que impulso a hombres y mujeres como la profetisa Ana a esperar en el Mesías, a José de Arimatea o a Simeón un hombre justo y piadoso, todos ellos esperaban el reino de Dios manifestado en Jesús, y no fueron defraudados porque miraban las Escrituras, de la misma manera si nosotros fijamos nuestra mirada en la ley perfecta, sin ser olvidadizos como dice Stg.1:25 seremos bienaventurados, Cristo ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo, y en ese gran día escatológico iniciaremos una eternidad junto a él.  Por otro lado, la misma urgencia que emplea Malaquías para persuadir a sus oyentes es el que utiliza Jesús en Lucas 17:32-33:

Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará.

Aquí Jesús hizo una advertencia contra cualquier intento del hombre de salvar su alma por medio de valores humanos, el Señor Jesús tiene por objetivo traer a nuestra memoria el amago de salvación que esta mujer quiso realizar por sus propios medios, y quien desee probar este método, obtendrá el mismo destino de esta mujer, ella miro hacia atrás añorando a Sodoma y Gomorra, anhelando lo que está en el mundo, allí se encontraba su tesoro, y allí se quedó, convertida en una estatua de sal, en donde este nuestro corazón, allí está nuestro destino, Babilonia o Jerusalén, no hay más destinos. Recordemos amados: “Ningún hombre que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Luc 9:62). La mujer de Lot sabía que Sodoma y Gomorra sería destruida, de la misma forma nosotros sabemos que este mundo será purificado para dar lugar a la nueva Jerusalén ¿Dónde están nuestros ojos mientras esperamos nuestra salida de Babilonia? Nuestra mirada debe estar puesta en Cristo, arriba, donde esta nuestra morada celestial, pero si miramos hacia atrás lo único que se nos permite observar es la historia de redención que el pueblo de Dios ha adquirido en Cristo en su Palabra.

La memoria sobre nuestro pasado como pueblo es un medio eficaz para avivar nuestra confianza en la espera del día final, no podemos olvidar lo que paso en Horeb, como Israel fue sacado de Egipto, como fueron salvados de los Filisteos, de los Asirios y los Babilonios, alguien dijo “un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”, y nuestro pueblo tiene la más extraordinaria historia de redención, no la podemos olvidar. Oseas 4:6 dice: “mi pueblo fue destruido porque le falto conocimiento”, porque no escudriñaron la ley del Señor, IBGS acuérdate de la ley de Dios, sólo ellas nos pueden dar vida:

Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, Porque con ellos me has vivificado (Sal. 119:93)

Por otro lado, detrás de este mandato se esconde una profunda verdad, acordarnos de su ley no nos hace salvos, porque nadie puede guardar perfectamente la ley de Dios, entonces ¿Cuál es su propósito? Ser nuestro ayo (maestro) para conducirnos a Cristo (Gal. 3:24); quien tuvo un desempeño perfecto al guardar la ley de su Padre, es el Sol de Justicia quien nos capacita con su luz para poder ser perfeccionados a través de su Palabra. Amados, ¿Qué vive en tu memoria? ¿Las marcas de tu pasado pecaminoso o el Evangelio de Cristo? ¿Babilonia o Jerusalén? Pedro nos anima:

despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento, para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles” (2 Ped. 3:1-2)

Finalmente, el Señor nos dice que antes que llegue el gran día final el enviara a Elías, ¿A que hace referencia aquí Malaquías? Antes del nacimiento de Jesús el dicho de los judíos era: “el mesías debe ser ungido por Elías”, y muchos esperaban la venida literal de Elías Tisbita, sin embargo, Malaquías apunta a las características ministeriales de Elías. El mensajero que sirvió como precursor del ministerio de Cristo fue Juan el Bautista, él fue el Elías de Jesús. En Juan 1:21 le consultan a Juan si él era Elías el profeta, el responde que no, pero Jesús en Mateo 11:14 dice que él era el Elías que había de venir, entonces ¿Es o no es? Este pasaje al igual que todo el capítulo se debe entender desde la perspectiva profética, Juan el Bautista responde que no es Elías porque él sabe que no llenaba cabalmente todo lo que está envuelto en esta profecía, su ministerio consistía en llevar a los hombres a Dios con un mensaje lleno del Espíritu Santo buscando una reconciliación generacional, entre padres e hijos, pero cuando él apareció no se dio inicio al definitivo día de Jehová grande y terrible, pero si se dio inauguración al juicio sobre Israel, la maldición de la Higuera estéril.

Un gran grupo de judíos del tiempo de Malaquías y del tiempo de Jesús aparentaban tener una rica vida espiritual, tenían hojas frondosas, que simulaban aparente vida, pero por dentro estaban vacíos, no tenían frutos de justicia, porque no habían sido iluminados por el Sol de Justicia, el ministerio de Cristo los seco y fueron juzgados, tal cual dice el texto, “no sea yo que venga y hiera la tierra con maldición”, Cristo no sólo se hizo maldito en la Cruz por nuestros pecados, el vino hacer justicia y juicio, con su venida trajo redención pero al mismo tiempo maldición sobre los malos, y el juicio empezó por casa por Israel, la misma tierra y nación que debían ser la embajada de Cristo en la tierra fue maldecida para que se secará, y así se  dio paso a que los gentiles levantarán altares de adoración en todo lugar que se invoque su nombre. Esta maldición nos recuerda el Edén, producto del pecado de nuestros padres, Dios hirió la tierra con cardos y espinos, de la misma manera, el pecado de los Israelitas trajo como consecuencia la maldición sobre su tierra, fueron dispersados, y nunca más, hasta el día de hoy, pudieron ser lo que fueron alguna vez.

Nuestro Señor Jesús nuevamente volverá y Elías volverá a aparecer, un nuevo precursor debe preparar el camino del Mesías tal cual lo hizo Juan el Bautista en la primera venida, ¿Quién es ese Elías? Si observamos bien, Malaquías esta concluyendo con la presencia de dos testigos, Moisés y Elías, ambos aparecen en el monte de la transfiguración con Jesús, Mateo 17 nos describe que el rostro de Jesús resplandeció en esa ocasion como el Sol (nuestro Sol de Justicia), y sus vestidos se hicieron blancos como la luz, fue un adelanto de lo que sucederá en el día final. Cristo mostro su gloria, de la misma manera cuando él venga lo hará precedido de dos testigos, Apocalipsis 11 nos lo cuenta, los dos testigos testifican de la venida del Señor, ellos son los dos olivos, los dos candeleros, y dice Apocalipsis 11:6 que ellos tienen el poder de cerrar el cielo, la misma marca del profeta Elías, entonces ¿Quiénes son estos testigos? Estos dos testigos son un símbolo de la Iglesia de Cristo:

  • Jesús envió a sus discípulos de dos en dos (Mr. 6:7; Lc. 10:1).
  • Los Apóstoles también salen de dos en dos (Hch. 3:1; 8:14)
  • En Israel, todo veredicto se confirmaba con testimonio de 2 o 3 testigos (Dt. 17:6; 19:15).
  • La iglesia aplica disciplina sobre la misma base (Mt. 18:16, 1 Ti. cap. 5).

Es la Iglesia de Cristo la que dará testimonio del mensaje que recibió, por eso Malaquías en primera instancia dice acuérdense de la ley de Dios que dio Moisés, y luego comuníquenla como lo hizo Elías, como lo hizo Juan el Bautista, la ley y los profetas son los dos brazos de testimonio de la Iglesia para el mundo. Juan el Bautista fue muerto por su predicación, muchos mártires han muerto predicando el evangelio de Cristo, tratando de reconciliar el corazón de los padres y de los hijos. Si queremos saber si estamos haciendo bien la tarea mira a las familias de la congregación, ¿están unidas? En el tiempo de Malaquías todas relaciones horizontales estaban rotas porque la relación vertical con el Señor no existía, de la misma manera si realmente somos verdaderos testigos de Cristo la influencia de la Iglesia debe observarse tangiblemente en la restauración de las familias en medio de nuestra sociedad, y eso sólo lo podemos lograr mostrando la perfecta relación entre el hijo de Dios y su Padre, mostrando el amor trinitario en medio de nosotros, que las familias sean una, para que la Iglesia sea una, para que el mundo crea en el Hijo de Dios.  En Jeremías 32:39 el Señor nos promete:

Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos

Concluyendo: la fe del creyente del A.T era completamente escatológica ellos esperaban la intervención de Dios en la historia, tanto en el futuro cercano como en el lejano, nosotros debemos poseer ese mismo tipo de Fe. Fue este hecho, el que le dio esperanza a los hombres y mujeres del A.T para esperar en las promesas del Señor. Hebreos lo ilustra de una forma maravillosa al mirar a nuestros antiguos héroes:

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:9-10)

Ellos nos enseñan que nada de la tierra temporal puede ser nuestra meta, en sus corazones habían abandonado todo, solo la ciudad celestial era su destino, podremos disfrutar de las bendiciones presentes y futuras, pero no son nuestro fin, nuestra ciudadanía está en el cielo donde los justos resplandecerán como el Sol por la luz del Sol de Justicia (Mat. 13:43)

El mismo capítulo de Hebreos en su verso 13 nos dice de los patriarcas lo siguiente:

Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra

Abraham; Isaac y Jacob no fueron decepcionados por Dios, y Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Señor dispuso para todos los hijos de Abraham por la Fe, una ciudad.  En algunos casos, para algunos creyentes hubo palpables victorias de  Fe, pero en otros casos hombres y mujeres sucumbieron a una aparente derrota, Moisés, el mismo nombrado en el epílogo de Malaquías persevero porque se sostenía mirando al invisible, pero no pudo entrar a la tierra prometida, hasta el día de su muerte fue un peregrino y extranjero. En ocasiones nuestra Fe no triunfa en esta vida, pero nunca es derrotada, porque si no es en esta vida, la fe alcanza su victoria en la vida venidera. Esta Fe, es la que se requiere para seguir creyendo a pesar del aparente desastre, sin ser vindicados aun, y continuar creyendo, continuar ofreciendo sacrificios aceptables a Dios, seguir amando a nuestros hermanos, seguir amando a nuestras esposas creer que podemos producir  una descendencia para Dios, seguir dando de nuestras riquezas y servicio al Señor simplemente porque él es digno, y nosotros simples receptores de su preciosa Gracia.

Espiritualmente hablando, aun estamos en el exilio, pero pronto llegaremos a casa a la ciudad celestial que: “no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Apc.21:23)

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