¿Honran ustedes a Dios con sus Matrimonios?

¿Honran ustedes a Dios con sus Matrimonios?

¿Honran ustedes a Dios con sus Matrimonios? (Mal. 2:13-16)

Texto Base:

Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Nos encontramos en el sexto sermón de la Serie del Libro de Malaquías, que lleva por título ¿A quién honran ustedes? En la ultima sesión observamos como el menosprecio por el amor de Dios impactaba en las relaciones horizontales del pueblo de Israel. Vimos dos formas de atentar contra el amor del Señor: la infidelidad fraternal entre hermanos, y la infidelidad a través de la realización de matrimonios en yugo desigual. Los judíos se estaban comportando deslealmente entre ellos, rompiendo el pacto de sus Padres, pacto que habían establecido con Dios, y cometían diferentes tipos de pecados horizontales: hechicería, adulterio, juraban mentira, defraudaban a sus trabajadores, a las viudas y huérfanos y hacían injusticia en contra del extranjero, en definitiva como describe Malaquías 3:5 no tenían temor de Dios; y cuando no hay temor de Dios en los corazones de los hombres, todas las relaciones horizontales se despedazan porque la relación vertical, la que sostiene todos nuestros vínculos está ausente, penosamente la sociedad judía se estaba desmembrando en sus raíces.

El pacto de Dios con los padres de los Israelitas consistía en que ellos serían el especial tesoro de Jehová (Éx.19:5), un pueblo especial, apartado, escogido, embajadores del Señor en la Tierra, cada vez que un pueblo mirará a Israel debía contemplar como era su Padre, su Señor. Sin embargo, estaban violando este pacto, siendo infieles los unos a los otros, y a esto le debemos sumar que contraían matrimonios en yugo desigual, se estaban casando con mujeres extranjeras lo cual tenía implicancias tenebrosas para la sociedad judía y para la Iglesia actual: la intromisión de una cosmovisión pagana, profanación del templo de Dios (nuestros cuerpos), mezcla en vez de santidad, degradación del evangelio, menosprecio por los mandatos del Señor y  la no preservación de una descendencia para Dios.

Ahora en los versos 13 al 16 del capíulo 2 se nos muestra la infidelidad de Israel en medio de los matrimonios, que era la base de la sociedad judía, y la base de toda sociedad a lo largo de la historia.

Antes y al momento de casarnos los pensamientos que inundan nuestras mentes son de expectación, anhelo y alegría, por nada de este mundo se nos ocurriría pensar o hablar de divorcio. Sin embargo, al pasar el tiempo, cuando llegan la enfermedad, la pobreza, la tristeza y los momentos difíciles, los corazones cálidos de quienes componen el matrimonio empiezan a enfriarse y junto con eso la palabra divorcio empieza a formar parte del vocabulario de los cónyuges. En el Israel de Malaquías, los hombres judíos se estaban divorciando de sus esposas, evidenciando el divorcio real entre Dios y los hombres, porque si el matrimonio es una parábola viviente de la unión entre Cristo y la Iglesia, el divorcio es símbolo del repudio y el menosprecio que el hombre manifiesta hacia Dios, el divorcio es un eco de la catástrofe cósmica sucedida en el huerto del Edén, en un principio el Señor los hizo uno a Adán y Eva, Adán halló preciosas características en Eva,  ella era carne de su carne, hueso de sus huesos, sin embargo, toda la hermosura, perfección, idoneidad, compatibilidad de Eva se fue al tacho de la basura cuando él culpo a Dios de darle esa mujer, Adán encontró en un instante todos los motivos para divorciarse de Eva.

Si queremos ver si el reino de Dios está avanzando en nuestro país, entonces, veamos que consideración existe del matrimonio en nuestro país. En el año 2016, en Chile se realizaron 64.431 matrimonios, pero en el mismo año se solicitaron 48.608 divorcios, es decir, prácticamente de cada 3 matrimonios 2 terminan en divorcio. La terapeuta Alejandra Godoy (en una entrevista para el Mercurio) explica que el 70% de los divorcios en nuestra nación tiene como motivo la infidelidad, y una de las variables que ha traído gran sorpresa en relación a este ítem, es que cada vez es mayor la infidelidad por parte de las mujeres, superando a la infidelidad masculina. El resto de los divorcios son por diferentes motivos: violencia, problemas económicos, presión familiar y laboral. Arturo Roizblatt Psiquiatra de la Universidad de Chile, explica que los conflictos inician porque se hacen demasiadas exigencias al matrimonio, por ejemplo: “Se pide calidad, muchas personas idealizan esta calidad y no son capaces de satisfacerla. Además, hay baja tolerancia a los períodos bajos del matrimonio”. Juan Yañez terapeuta de parejas de la Universidad de Chile dice: “Las parejas se desgastan y agotan con cumplir con la función social de la crianza de los hijos, desentendiéndose de la función de la pareja”.

Este panorama es desalentador y hoy venimos a escuchar un mensaje sobre el matrimonio, y cuando escuchamos sobre un tema tan complejo deseamos que nos hablen los expertos, si esto fuera una exposición sobre agricultura nos gustaría escuchar a un ingeniero o agrónomo, si es sobre leyes a un abogado, si es sobre edificios a un arquitecto, sin embargo, cuando hablamos de matrimonios ¿A quién recurrimos? ¿Quién puede decir que es un experto en la materia? Ya hemos escuchado parte de lo que los supuestos expertos piensan sobre le matrimonio y el divorcio, pero nosotros venimos hoy a escuchar a quien invento y dio vida al Matrimonio, nuestro buen Señor, el mismo Shakespeare dijo que “Dios es el mejor hacedor de Matrimonios”. Si deseas saber cómo debería ser un matrimonio, no mires solo los ejemplos de nuestra congregación, mira profundamente las Escrituras, en ella hallarás las instrucciones del mejor manual de matrimonios en la historia de la humanidad.

Como cristianos en la actualidad tenemos una constante oposición para hablar de matrimonio y divorcio, ya que vivimos en una sociedad pornográfica que considera que hablar de estos tópicos es arcaico. Nuestra cultura glorifica el adulterio en el cine, televisión, redes sociales, la música y los libros. En estos tiempos el adulterio no es engaño, no es traición, no es infidelidad, no es impureza, no es un mal, sino más bien es un medio para encontrar la felicidad, en donde las personan puede decir libremente:

“mi esposa no me comprendía, mi esposo era un aburrido….ahora soy feliz”.

Sin embargo, nuestra sociedad no se da cuenta de lo terrible que es el adulterio y el divorcio, el asesinato, por ejemplo, destruye la existencia temporal del hombre, pero el adulterio destruye todo lo que hace que la existencia del hombre sea una bendición. Como Thomas Watson dijo:

“El adúltero roba a su prójimo, lo que es más que sus bienes y pertenencias; le roba a su esposa, que es carne de su carne.”.

Con esto en consideración ¿Cómo inicia esta porción de Malaquías? El profeta vincula las oraciones de los Israelitas a la relación que tienen con sus esposas.

  1. El Matrimonio y la Oración

Supongamos que vivimos en la época de Malaquías y él es nuestro pastor (difícilmente nos gustaría estar en la membresía de esta Iglesia con este tipo de pastor tan confrontacional), y vamos delante de él y le contamos como va nuestra relación con el Señor. Le explicamos que constantemente vamos al templo a ofrecer sacrificios, pero que el Señor no contesta nuestras oraciones y no acepta la ofrenda de nuestras manos, y que la angustia por esta situación es tal, que hemos derramado lágrimas, profundos llantos y gemidos, pero el Señor no nos escucha ni mira nuestra ofrenda. El profeta nos observa y nos pregunta ¿Cómo esta tu matrimonio? Nuestras caras cambian de semblante, y contestamos con rapidez e indignación a la pregunta ¿Qué tienen que ver mis oraciones, mi relación con el Señor, con mi matrimonio? Malaquías responde: TODO, todo esta conectado.

Los judíos hipócritamente estaban ofreciendo sacrificios en el templo mientras se divorciaban de sus esposas, querían los beneficios de Dios, deseaban ser escuchados por Dios, sin embargo, ellos no deseaban escuchar más la voz de sus esposas. Estos hombres querían habitar en la presencia de Dios, pero no querían vivir con sus mujeres, querían servir a Dios, pero no querían servir a sus esposas, querían mostrar la calidad de sus ofrendas, pero dejaban a sus esposas e hijos en el abandono y en la más profunda indigencia que podía existir en medio de esta sociedad. En 1 Pedro 3:7 el Señor nos dice:

“Maridos, vivid con ellas sabiamente…” Con esto el Apóstol nos exhorta a que debemos vivir con nuestras mujeres, ¿según qué? La sabiduría del conocimiento de Dios. Quizás pensaras en tu mente, pero yo vivo con mi esposa, no la he abandonado, dormimos en la misma cama, comemos juntos, conversamos todos los días, pero eso sólo es vivir con ella, hasta un incrédulo cumple con esas actividades y pueden tener hasta un mejor desempeño que tú. Podemos estar bajo el mismo techo con nuestras esposas, pero al mismo tiempo estar muy distantes del concepto de “vivir con ellas sabiamente”, tú eres el responsable de liderar tu matrimonio y familia, ¿estás desarrollando los dones de tu esposa para que ella pueda servir más fielmente al Señor a tu familia e Iglesia? ¿sirves a tu esposa y familia como un modelo sacrificial de Cristo? ¿estas a solas con Dios para estar a solas con tu esposa y familia? ¿escuchas a tu esposa con atención cuando ella te cuenta sus planes, proyectos, inquietudes y pesares?

Si no puedes vivir sabiamente con ella, bajo el alero de la Palabra, difícilmente podrás orar junto a ella, dificultosamente la podrás considerar como un vaso frágil y coheredera de la Gracia, y tus oraciones tendrán estorbo ante el Señor. En definitiva, este pasaje nos muestra una sentencia aterradora: “Nuestra relación con Dios se vuelve estéril y se estanca debido a que hemos sido desleales con nuestras esposas quienes son miembros de la familia de Dios”. Y esto no es sólo para los varones, queridas esposas, cuando ustedes son ásperas con sus maridos, cuando no reconocen su liderazgo, cuando no se someten voluntariamente a ellos, ustedes se convierten en el obstáculo que impide la bendición de Dios en sus matrimonios.

Pero en las escrituras también tenemos buenos ejemplos matrimoniales que nos pueden estimular a profundizar nuestra vida de piedad con nuestros cónyuges: Aquila y Priscila, ellos les enseñaron a Apolos más exactamente el camino del Señor (Hech.18:26), este maestro de la Palabra tuvo la humildad de sentarse a los pies de este matrimonio y aprender de ellos. Aquila y Priscila trabajaban juntos, ministraban juntos, enseñaban juntos, es decir, vivían sabiamente, y probablemente escucharlos orar era algo conmovedor, porque cada uno de ellos ministraba al corazón del otro. Y el ejemplo predilecto que tenemos es el de Cristo y la Iglesia, vamos a Romanos 8:34 se nos dice que Jesús murió por ella, resucitó por ella, pero no sólo eso, sino que intercede por ella. Los judíos del tiempo de Malaquías querían dejar de vivir con sus esposas, pero Cristo se humanó y habitó con su novia,  los Israelitas querían divorciarse de sus esposas, pero Cristo desea casarse con su novia, los judíos iban a ofrecer sus sacrificios vacíos delante del Señor, pero Cristo ofrece su propio cuerpo como ofrenda por los pecados de su novia, estos hombres iban al templo a orar por sus propios intereses, no por la vida de sus esposas, sin embargo, Cristo hoy mismo, en este instante, intercede por su novia, diciendo:

“Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo, donde yo estoy” (Juan 17:24) Hay un fuego ardiente en el Hijo de estar cerca de su novia, de vivir con ella en la plenitud de su conocimiento. Esposos y esposas de IBGS si deseas llegar a interceder por tu cónyuge, primero debes pasar por la muerte de tu viejo hombre y resucitar a la vida que tenemos en Cristo Jesús, pensabas que orar era sencillo, pero para ser un intercesor hay que caminar por la ruta de Jesús, un camino de espinas para la carne, pero de dulzura para el Espíritu.

  1. Volviendo a las Bases matrimoniales

Lamentablemente, como a lo largo del libro de Malaquías, los judíos cuestionan a Dios, y preguntan en el verso 14 ¿Por qué?, ¿Cuál es la razón por la que el Señor ignora nuestras oraciones y ofrendas? Y el profeta responde: La causa es que Dios ha sido testigo de la infidelidad de estos hombres a sus mujeres. Cuando contraemos matrimonio la ley chilena exige testigos para dar fe de que ninguno de los cónyuges lo está haciendo en contra de su voluntad.  Ahora, ¿Qué pasaría si el real testigo de tu matrimonio es Dios? Estamos diciendo con esto, que quien avala, certifica, monitorea, y observa tu matrimonio es el testigo Fiel y Verdadero descrito en Apocalipsis 3:14. Esto debería modificar nuestra forma de llevar el día a día en nuestros matrimonios, los ojos de quien es la verdad verdadera están profundamente comprometidos en atestiguar sobre tu forma de vivir con tu cónyuge. Y este testigo no necesita protección, no necesita guarda espaldas, no necesita una identidad incógnita, porque él es testigo, pero no olvides que también es juez ¿Cómo te sentirías si te sientas en el banquillo de los acusados y viniera un testigo que conoce toda tu vida matrimonial? ¿Qué conoce las cosas hermosas que has disfrutado, pero también cada infidelidad a tu cónyuge? Pues ese testigo existe, y es Dios. Los judíos y nosotros deberíamos temblar. El matrimonio es una cosa seria para Dios, por eso es que sus discípulos en la conversación sobre el divorcio en Mateo 19, dijeron “no conviene casarse”, ¿Cómo es posible ser fieles a una sola mujer? Y la verdad hermanos, es que es imposible en nuestras fuerzas, solo el Señor nos puede capacitar para amarnos con esta clase de Amor, el jesed de Dios, amor Fiel.

Ahora, Dios por medio de Malaquías les enuncia a los Israelitas que han sido infieles a sus mujeres caracterizándolas de 3 formas: La mujer de tu juventud, tu compañera y la mujer de tu pacto, lo que quiere hacer el Señor con estas 3 descripciones es dar una caracterización fidedigna de lo que es una esposa y lo que es un matrimonio.

Lo primero es que nuestras esposas son las mujeres de nuestra juventud. Con esto, el Señor está indicando que sus mujeres se entregaron a sus esposos en el albor de sus vidas, que han invertido los mejores años de sus existencias en ellos, dejaron el amor hogareño de sus padres por unirse a sus esposos, y ellas han cuidado diligentemente a sus esposos, les han brindado fuerzas en los momentos difíciles, pero ahora las canas han aparecido, las arrugas y las enfermedades, y los judíos querían deshacerse de ellas como si fueran zapatos viejos.

El profeta deseaba que cada hombre mirara a su esposa y recordara que esa mujer sigue siendo la misma que se entregó el día de su boda, ella sigue siendo la misma que se dispuso en sus brazos, ella sigue siendo esa chica que se entregó en intimidad. Ella no podría haber sido más honorable. Recordemos eso, amados hermanos. Meditemos en eso. Maravillémonos con eso.

Malaquías quiere traer a nuestra memoria Proverbios 5:18: “Alégrate con la mujer de tu juventud”

Pero ellos estaban pervirtiendo las Escrituras, no deseaban alegrarse con la mujer de su juventud, sino con una mujer joven y pagana, querían volver a sentirse jóvenes, y para eso, según sus parámetros, era necesario cambiara a sus esposas ¿Y no es lo mismo hoy? Como dice ¨Paul Tripp: “hoy experimentamos el fenómeno de la juventización de la sociedad occidental”. Todos quieren ser jóvenes, las cirugías plásticas y el botox son algo cotidiano en hombres y mujeres mayores, Hollywood nos muestra a ancianos comportándose como jóvenes estúpidos y es común ver en la prensa de farándula a hombres y mujeres teniendo relaciones con otras personas con diferencias de edad entre 20 a 30 años, y no es que sea un tabú la diferencia de edad, como lo fue el caso de Rut y Booz, sino que las relaciones amorosas, las del corazón, están direccionadas por el dios del vientre y los deseos. Amados matrimonios, disfruten y deléitense con la mujer y el hombre de su juventud, vivan y gócense en cada etapa, maduren juntos, y sin duda, envejezcamos juntos, pero háganlo para la gloria de Dios, eso hace la diferencia, aprecien la belleza de su cónyuge sin distinguir edad.

Por otro lado, aquellos hermanos que conocieron al Señor en una etapa más avanzada de su vida, recuerden que Cristo hace nuevas todas las cosas, y es ahora el tiempo en que disfrutes de cada una de tus relaciones, como esposo, esposa, madre, padre o hijo, el ha arrojado tus pecados al fondo del mar, ya no tenemos un acusador por nuestro prontuario pecaminoso, Cristo pago por nuestros pecados pasados, presentes y futuros, deléitate en su gracia y en las relaciones que él te ha concedido.

La otra descripción para las esposas que Dios da es que ellas son sus compañeras. Cuando el Señor crea a Adán el le da la labor de labrar el huerto, expandirlo, desarrollarlo, ir hacia el concepto de civilización, pero también le pide que ponga nombre a todos los animales. Imaginémonos ese cuadro por un momento, Adán camina por el huerto y va asignando nombres, podemos pensar que poner es una tarea sin sentido y tediosa, pero la labor era ardua, ya que cada nombre debía reflejar la naturaleza de los animales, y una de las cosas que debió haber intrigado a Adán era que todos los animales tenían su pareja, y él no, Dios lo creo para que se diera cuenta de esta necesidad, le faltaba compañía, estaba sólo y Dios observo esto, y dijo que esto no era bueno.

Adán no encontró ayuda en los animales, por lo tanto, la bestialidad se excluye, Dios no crea a otro hombre, por lo tanto, la homosexualidad queda excluida, lo que Dios hace es crear una sola mujer, quedando manifiesta un patrón monógamo heterosexual, Dios le da a Adán la compañía y ayuda que necesitaba, y la palabra ayuda en el original tiene que ver con ayuda divina, es decir, tu esposa es la ayuda directa de Dios para tu día a día. El Nuevo Testamento aplica esta verdad de una manera interesante 1 Corintios 11:9 “y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”. El hombre y la mujer se necesitan mutuamente, pero se necesitan a su forma. El hombre necesita de la ayuda, y la mujer necesita ayudar. El hombre está encargado del trabajo y debe recibir ayuda de su mujer. Ella está encargada del trabajo a través de servirle a él. Hombre y mujer se complementan.

Cuando el Señor nos dice que el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer para formar una sola carne, debemos entender que ambos abandonan sus propios mundos para ser compañía mutua, para que nunca estén solos, ¿crees en este modelo? Si es así, ¿reconoces el trabajo arduo y constante de tu esposa? ¿reconoces en ella la ayuda divina del Señor para tu vida? ¿escuchas sus advertencias y consejos? ¿Reconoces frente a tus hijos la hermosa labor de tu mujer? Si deseas que tu descendencia tenga un modelo matrimonial bíblico empieza a reconocer la compañía y ayuda idónea de tu cónyuge, prepara sólidamente a tus hijos para que ellos sepan que deben dejar su hogar y ser la compañía y ayuda para otro creyente, sino ellos serán inválidos emocionales, ellos deben saber que se irán de nuestro hogar, no debemos acomodarlos a la idea que siempre estarán con nosotros. Criticamos fuertemente a aquellos que estando casados aun dependen emocionalmente de sus padres, pero ¿cuánto estamos invirtiendo nosotros en conocimiento y con nuestras vidas en enseñarles a nuestros hijos un modelo de compañía y ayuda? Lo que sucede en la sociedad actual y en la judía del tiempo de Malaquías es fiel reflejo de las palabras de Adán en el Genesis “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y yo comí” (Gén. 3:12); Adán, los judíos y todos los hombres, culpamos finalmente a Dios de nuestros problemas, con nuestras palabras y actitudes evidenciamos que la ayuda que nos ha dado, no es ayuda sino un estorbo, y tu Dios eres el culpable, tu modelo matrimonial es insuficiente, por eso es preciso cambiar a estas mujeres, pero los que debían cambiar eran ellos.

Cuando los judíos oraban ellos le daban gracias a Dios, por no ser esclavos, ni gentiles, ni mujeres, los griegos solo las consideraban como objetos que hacían preservar su linaje, el mismo Platón decía que un hombre cobarde se reencarnaba en una mujer, la cosmovisión Cristiana, devuelve a la mujer su valor como Imagen de Dios, y en el matrimonio la posiciona como la compañera, amiga y amante que el Señor nos ha dado.

La última caracterización es que nuestras esposas son la mujer de nuestro pacto. En el libro de Malaquías el concepto de pacto es constantemente nombrado. Hemos hablado del pacto de Dios con Leví, el pacto de Dios con Israel, hablaremos en el capítulo 3 del ángel del pacto, y ahora se nos presenta el pacto matrimonial. El Señor del pacto es el testigo del matrimonio del pacto: y defiende el pacto matrimonial hablando en contra de quienes lo quieren destruir. En la antigüedad cuando dos hombres realizaban un acuerdo lo sellaban por medio de un pacto. En la actualidad no es así, necesitamos llenar muchos papeles para confirmar una promesa, el valor de la palabra se ha devaluado. El pacto matrimonial es un compromiso fiel, permanente e irrompible, entre un hombre y una mujer. Este concepto ha permeado tanto a la sociedad que las personas que presiden los matrimonios civiles hablan de que los cónyuges se deben amar en salud, en enfermedad, en pobreza o tristeza, es decir, para siempre. Un buen ejemplo de amor pactal lo podemos hallar en Oseas y Gomer, Dios le pide a este profeta que tome la decisión de amar a esta mujer ramera con amor Fiel. Y eso es el matrimonio, un pacto irrevocable entre tres personas, el hombre, la mujer, y Dios.

Este concepto es arcaico para nuestra sociedad, ¿Cuál es la consideración actual que el mundo tiene del matrimonio? Los hombres y mujeres de nuestro tiempo consideran este invento de Dios como un mero papeleo, y un simple contrato. ¿Y qué consecuencias tiene esto? Un contrato sigue vigente sólo si se cumplen las condiciones que tú esperas que el otro cumpla, en cambio el pacto nos invierte los papeles, el compromiso pactal nos impulsa a cumplir con nuestra parte, indiferente de lo que haga el otro, y sólo así el matrimonio puede funcionar. Sin embargo, los cuestionamientos al pacto surgen de inmediato ¿pero no tengo derecho a ser feliz? Amados, eso es como decir que tengo derecho a tener los ojos azules, ser rubio o ser más alto. Hoy vivimos en la dictadura de las emociones, las cuales cambian día a día, no hay nada más engañoso que el corazón, y la gente dirige su vida basado en su sentimiento y no en convicciones. Bíblicamente el amor no es así, el amor es una decisión de la voluntad, Dios nos ama, porque él es Amor, y ha decidido amarnos de pura gracia, con un amor de pacto, que nunca deja ser, que nunca se acaba, pero en la actualidad los sentimientos dirigen nuestras acciones, cuando debe ser al revés, nuestras acciones, nuestras decisiones, basadas en las Escrituras nos llevan al sentimiento, ¿pero hermano los sentimientos no se eligen? Si hemos nacido de nuevo, habrán también nuevos afectos. La verdadera libertad en el matrimonio y en cualquier área en nuestra vida no es lo que quieres hacer, sino lo que debes hacer según la Palabra, si el Señor te dio el don del matrimonio, a través de su Espíritu Santo el te capacitara para llevarlo a cabo.

Como dice nuestro querido Dietrich Bonhoeffer, no es el amor el que sostiene al matrimonio, es el pacto matrimonial que sostiene el amor, es la decisión de amar la que sostiene el amor en una pareja.

Entonces, la columna de nuestros matrimonios es el pacto, que es reflejo del pacto de Cristo con la Iglesia, donde él nos prometió: he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundoNo te desampararé, ni te dejaré” (Mat.28:20; Heb.13:5) Cuando te casas, lo haces para ser fiel, para amar, y representar a Cristo y su pacto. Sin embargo, aun en nuestras congregaciones muchos se casan, sin considerar el amor de pacto, pensando que sus matrimonios los harán mas piadosos, o que mejorará el carácter, que los librará de la tentación sexual, que brindará dominio propio, piensan que el matrimonio redimirá patrones pecaminosos como la masturbación, la pornografía o la misma fornicación. Amados hermanos, no posicionemos al matrimonio en una lugar que Dios no le ha dado, el matrimonio no es superior a la soltería, ambos son dones de Dios, no podemos reemplazar el matrimonio por el evangelio, nuestros matrimonios no redimen nuestro pecado, solo Cristo Jesús lo puede hacer. Si hoy no eres capaz de arrepentirte de estos pecados, tampoco lo harás estando casado, y traerás lazos pecaminosos a tu cónyuge. Si hoy no consideras el pacto de amor y gracia, en el evangelio del Señor Jesucristo, entonces tu matrimonio no se podrá sostener, porque el pacto matrimonial únicamente se puede desarrollar habiendo experimentado y disfrutado el Amor de pacto de Dios por los suyos. Arrepiéntete, vuelve a tu Señor, cree en el evangelio de Jesucristo, sólo él puede perdonar tus pecados, ninguna relación humana lo hará, y luego de esto, vuelve a las bases matrimoniales que nos exhorta Malaquías.

  1. Una Descendencia para Dios

¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios.(v.15)

Este es uno de los textos más complejos de traducir del libro de Malaquías, hay varias versiones referentes a esta porción Bíblica. Después de una búsqueda, una de las mejores traducciones que podemos utilizar, es la de la NVI que dice: ¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? El Señor teniendo abundancia en su creación, hizo a Adán y Eva un solo ser, una sola carne. La idea de unidad es tan fuerte en los orígenes del matrimonio que cuando Dios crea a Adán, llama a Eva por el mismo nombre de su marido, Varona, evidenciando que son uno y que ella procede del varón. Si me acompañan a Génesis 5:2 podemos ver esta verdad más evidentemente:

“Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados”

La mujer es participante del pacto matrimonial a través del marido, el hecho de que en algunas culturas las mujeres adopten el nombre del marido es totalmente escritural, cosa que el feminismo aborrece. Hombre y mujer son uno, y la palabra uno aquí es en el original es uno compuesto, como se utiliza en Deuteronomio 6, un solo ser compuesto en este caso por dos individuos diferentes que se complementan. Pablo enfoca esta verdad de una forma increíble, 1 Corintios 11:11-12

“pero en el Señor, el varón es sin la mujer, la mujer es sin el varón, porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios

Dos seres diferentes que se necesitan, se complementan, que tienen su origen en Dios, pero al igual que la Trinidad, en donde El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas diferentes, los tres son uno, con igual dignidad, pero con diferentes funciones, en el matrimonio sucede exactamente lo mismo, dos personas diferentes, con igual dignidad, honor y valor, pero con funciones diferentes, que se funden en un solo ser para reflejar una realidad espiritual.

Y uno de los propósitos de que sean un solo ser, es buscar una descendencia para Dios, una sola semilla, sin mezcla, santa para él. Así observamos un patrón uno a uno en las escrituras, un solo Dios, un matrimonio, una descendencia.

El propósito del profeta con esto es que nuestros hijos se hagan discípulos.  ¿De dónde saca un niño la primera impresión de cómo debe ser el Padre que está en el cielo? Está claro que lo que piense de la paternidad dependerá de lo que vea de su propio padre. Nuestros matrimonios no son para nosotros, son para el Señor, por lo tanto, el nombre de Dios será honrado o deshonrado en gran medida por lo que nuestros hijos observen en nuestros matrimonios.

Si los judíos se divorciaban de sus esposas, sus hijos quedarían a la deriva, o en el mejor de los casos recibirían un nuevo adoctrinamiento por parte de sus nuevos parientes, separando sus corazones del Dios de Israel, y al mismo tiempo hipotecaban la fuente de su vejez, porque según la ley judía, los hijos se encargan del bienestar de los más ancianos, y ellos no recibirían esa instrucción.

El mandato del Señor para nosotros como padres es educar a nuestros hijos a la luz del evangelio, instruirlos en la piedad, y la Iglesia debe apoyar esta labor capacitando y ofreciendo maestros. Con esta directriz, Dios te está posicionando a ti y a tu esposa para bendecir a las generaciones venideras. ¡Abraza la visión! ¡No arrojes tu legado! Muy pronto tu vida en este mundo habrá terminado. ¿Qué vas a dejar atrás? Este momento es tu única, preciosa, e irrepetible oportunidad de dejar una herencia para las futuras generaciones. Cómo vivan tú y tu esposa en esta breve vida importará durante mucho, mucho tiempo. Abraham y Sara, influyeron a cientos de generaciones, recordemos el caso de Rut y Booz, ambos matrimonios con imposibilidades de tener descendencia, pero Dios actúa en ellos y desde las matrices de estas mujeres brotaron naciones, si calculáramos 10 generaciones de 3 hijos por cada hijo, completaríamos un total de 88.573 personas, es decir, cercano a la población actual de la comuna de la Reina o Peñaflor, tu matrimonio tiene un gran potencial, Dios puede hacer grandes cosas con nosotros, lo ha hecho y lo hará, porque sus promesas son fieles. Dispón tu matrimonio para la extensión del Reino de Dios, no a través de simplemente tener muchos hijos, sino de ser un matrimonio bíblico, de los demás se encargara Dios.

  1. Guarden su Espíritu

Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.. (Mal. 2:15b)

El Señor les pide a los Israelitas, hombres y mujeres que guarden su espíritu. El Señor apunta a la raíz de los problemas, el corazón, el divorcio, no era el problema en sí, sino la manifestación final de que algo estaba muy mal en lo interno de la sociedad judía. Y Malaquías es enfático al respecto, el adulterio y el divorcio no se originan por una atracción simplemente en lo físico sino en nuestros corazones. El apóstol Santiago exhortando habla de almas adulteras, no de cuerpos adúlteros, y el Señor Jesús nos dice que el que mira una mujer, para codiciarla, ya adultero con ella en su corazón, podemos codiciar el cuerpo de otra persona, aún más, codiciar el carácter de otra persona, y eso también es adulterio, cuando pensamos “ojalá mi esposo o esposa fuera como tal hermano”, eso también es adulterar en nuestros corazones. El término adulterar corresponde a alterar o eliminar la calidad y pureza de una cosa añadiéndole algo que le es ajeno o impropio. Si tenemos una leche adulterada, podríamos tomarla, el sabor será muy malo, y probablemente terminaremos intoxicados, pero lo que bebimos tendrá el nombre de leche, pero no es leche, el adulterio, sabe dulce para nuestros deseos, pero terminará dañando nuestro espíritu y corrompe nuestro pacto matrimonial, el adulterio para algunos tendrá la etiqueta de amor, pero no es amor. El adulterio altera y elimina la calidad, pureza y santidad del matrimonio en el Señor.

Por más linda que sea esa mujer u hombre hacia la que te encuentres tentado, pregúntate si vale la pena destruir tu legado por un momento de placer robado. Tu pecado se convertirá rápidamente en un regusto amargo que estarás escupiendo de tu boca por el resto de tu vida. El adulterio, es falsa intimidad, quienes comenten este pecado, terminan deleitándose en sí mismos, no conforman un solo ser, la verdadera intimidad se logra en el matrimonio, sólo tu cónyuge sabe como amaneces, cuales son tus temores, tus angustias y tus preocupaciones. En una relación adúltera, dos personas se ven en un hotel, tienen relaciones sexuales, comparten sus cuerpos, pero no tienen mas nada en común. La sexualidad plena se vive en el matrimonio, es uno de los niveles más altos de dialogo matrimonial, las Escrituras incluso nos hablan de la relación sexual como la palabra “conocer” a nuestro cónyuge, algunos teólogos llaman a la sexualidad el sacramento del matrimonio, cuando tomamos la Santa Cena confirmamos nuestra unión a Cristo, de la misma forma a través del sexo confirmamos nuestra unión con nuestros cónyuges, y al menos nosotros tomamos la Santa Cena una vez a la semana, la mayor cantidad de veces que podemos, pues también nuestra sexualidad debe tener una frecuencia acorde a este principio, Pablo mismo llama a los matrimonios a atender con sabiduría este asunto, y guardar nuestro lecho matrimonial sin mancilla, a través de la sexualidad matrimonial también guardamos nuestros Espíritus.

Amados, tengamos en consideración nuestros pensamientos, porque pueden ser una causa frecuente de la esterilidad espiritual que afecta nuestro matrimonio, y algunos dirán que nuestros pensamientos no hacen daño, pero en Genesis 6:5 dice que una de las causas de la destrucción del mundo antediluviano, eran que sus pensamientos eran de continuo al mal, a Dios le importan tus pensamientos, guarda tu espíritu. Fantasear con otras mujeres, con otros hombres, con otras vidas, pensando estar sin tus hijos, sin el trabajo que tienes hoy, son pensamientos que corroen el pacto matrimonial, ¿luchas contra ellos, esforzándote sinceramente en mortificarlos, o estas tolerándolos y hasta alimentándolos?

Debemos reconocer que nuestros pensamientos son un problema. Al Martin hablando del pecado y la vida espiritual que es como la batalla entre dos pistoleros que se enfrentan en la calle, se observan el uno al otro como halcones, si uno de ellos pierde su vista del otro, morirá, así es el pecado con nosotros, no tiene piedad, pero el poder del pecado también retrocede si podemos nuestra mirada en Cristo Jesús, nuestra mente debe estar sometida a la Palabra, pensado en todo lo que es puro, y el matrimonio es la relación pura que Dios te ha dado para relacionarte con la mujer o el hombre que amas. Medita en tu familia a través de la meditación de las Escrituras, si tus pensamientos te agobian, busca consejo, pero procura cuidar tu espíritu.

  1. Dios y el Divorcio

Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido”(v.16)

El texto es claro en lo que Dios piensa sobre el divorcio, lo aborrece, y lo compara con la violencia, describiendo que los vestidos de estos hombres están machados de pecado, como si fuera la sangre de un homicidio. Si en el matrimonio somos una sola carne, el divorcio viene a ser un cuchillo que rompe la unidad y el pacto matrimonial, y si una sola carne es dividida tiene que sangrar. Cuando Adán y Eva pecan en el huerto, el vestido de luz que fue dado por el Señor se mancho con su iniquidad, el mismo principio se replica en el divorcio. En la época de nuestro Señor los  fariseos se acercaron a él para hablar sobre este asunto con el objetivo de tentarle, preguntaron si era lícito divorciarse por cualquier causa, querían acorralar a Jesús para que él se abanderara con las dos escuelas teológicas predominantes de la época en este asunto, la de Shamai, el cual decía que sólo podía haber divorcio en caso de adulterio y la escuela de Hilel quien postulaba que el marido podía divorciarse de su mujer prácticamente por cualquier cosa que el considerara indecorosa basado en Deuteronomio 24, el problema era la interpretación se esa palabra, ¿Qué significaba indecoroso? No vamos a profundizar ahora en ese asunto, hay una escuela dominical de la serie glorificando a Dios con nuestras relaciones dada por el pastor Esteban la cual pueden escuchar, el mensaje de Malaquías y Jesús tiene otro foco. La escuela que obviamente predominaba era la de Hilel, al ser la más liberal, lo interesante es analizar lo que nuestro Señor contesta, a los fariseos, quienes lo querían poner en contra de Moisés:

¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. (Mateo 19:4-6)

El Señor les responde con una pregunta, y al mismo tiempo, les entrega la definición de matrimonio, como un pacto irrompible, diciendo que lo que Dios unió, ustedes ni nadie lo puede separar, el divorcio en sí es una contradicción, porque nadie aborrece su propio cuerpo, su propia carne, sus propios huesos.

La prioridad de Jesús era preservar los matrimonios y limitar los divorcios innecesarios o triviales, pero los judíos querían hacer de la excepción una regla, ellos se gloriaban de sus pecados de divorcio, buscaban bajo sus criterios a las mejores mujeres, y las cambiaban como si fueran objetos, tenían su propia versión del matrimonio.

Luego, preguntan al Señor nuevamente, ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? (Mat.19:7) La pregunta es tendensiosa, porque Moisés no mandó, no ordenó el divorcio, aun si alguno de los cónyuges cometía fornicación, porque en el Evangelio también existe el perdón, la misericordia y la Gracia. El divorcio no es un invento de Dios, como si lo es el matrimonio, es mas bien una concesión, un seguro de regulación de Dios para los hombres caídos y de protección para la parte inocente. Si alguien adultera o fornica (que en este contexto aparecen como sinónimos) Jesús no dice que tienes que divorciarte, pero si es legítimo, Jesús lo permite en caso de infidelidad y Pablo lo amplia en caso de que un inconverso quiera dejar el matrimonio con un creyente, pero jamás lo ordena, porque él lo aborrece.

El divorcio nunca es una salida para los problemas matrimoniales, el Señor lo permite por la dureza de nuestros corazones, y quien tiene su corazón endurecido no percibe las cosas espirituales, y solo quiere divorciarse de Dios y su pareja. Si quieres divorciarte de tu esposo o esposa por causas no bíblicas, pues arrepiéntete, si de algo debes divorciarte es de tu pecado, podrás tener muchas excusas, es que mis amigos me han dicho esto, mis padres y mis hijos me aconsejan aquello, piensa lo que Dios piensa sobre divorcio, no olvides que tenemos la mente de Cristo,  si él te ama de forma incondicional empieza tu recomponiendo tu matrimonio desplegando ese tipo de amor. Si quieres divorciarte, y legítimamente lo puedes hacer, también recuerda que en Cristo el Señor hay perdón y que él puede hacer todas las cosas nuevas, en él hay esperanza, si él te salvo a ti él también puede salvar tu matrimonio.

Para aquellos que ya se han divorciado, recuerden que Cristo hace nuevas todas las cosas, de él pueden brotar nuevos sentimientos en nuestros corazones que antes estaban endurecidos, y para aquellos que se han divorciado y ya tienen nuevos matrimonios, recuerden que aun en este nuevo matrimonio son una sola carne, los hijos de tu cónyuge ámalos como si fueran tuyos, si tienes hijos que no son de tu pareja enséñales a amar a sus hermanos y a tu pareja, procura fomentar el respeto y sentido de familia, mira a tu ex pareja como una oportunidad para evangelizar y experimentar la santificación y no traigas recuerdos escabrosos de tu vida pasada, recuerda que él echó nuestros pecados al fondo del Mar, fueron crucificados con Cristo en la Cruz.

  1. Cristo y la Iglesia

Nosotros no estuvimos presentes en el primer matrimonio, el cual fracaso, pero si estaremos en el último, en el verdadero, en las bodas del Cordero. Este sermón no sólo es para los que están casados, sino para cada creyente aquí presente, porque aunque no estés casado, seas divorciado, aun viudo, sin importar tu estado civil en la tierra, si eres un nacido de nuevo perteneces a la novia de Cristo. Como estudiamos el matrimonio tiene que ver con representar el amor fiel al pacto entre Cristo y la Iglesia, pero nuestros matrimonios caducan, tienen fecha de término, es un regalo momentáneo que Dios nos da, todas las experiencias bellas, profundas y hermosas que vivimos en nuestros matrimonios no se comparan con lo que el Señor ha preparado para los suyos. No hagamos de nuestros matrimonios un ídolo que oscurezca el resplandor de la Gloria de Cristo en la Cruz muriendo por su novia. Como dice John Piper:

Conocer a Cristo es más importante que nuestros matrimonios, valorar a Cristo es más importante que tener hijos, estar unido a Cristo es una fuente de éxito matrimonial mayor que el sexo perfecto y la prosperidad que brinda tener dos sueldos”. (Pacto Matrimonial, p.176)

Nuestros matrimonios son leves realidades de la realidad final de las bodas del Cordero, y porque el Señor  describe este evento como las Bodas del Cordero, porque no las bodas del Verbo, o las Bodas del Alfa y Omega, porque en su forma de Cordero, Jesús esta más unido a su pueblo. Spurgeon comenta lo siguiente:

“Nuestro Señor se acercó mucho a nosotros cuando tomó nuestra naturaleza, pues así se convirtió en hueso de nuestro hueso y en carne de nuestra carne. Él vino muy cerca de nosotros cuando, por esa causa, dejó a Su Padre y se volvió una carne con Su iglesia. Él no podía estar con pecado como ella, pero tomó sobre Sí los pecados de ella y los quitó”

Adán y Eva mancharon su vestido de luz, pero Cristo fue su vestido, los judíos manchaban sus vestidos matrimoniales con sus divorcios, pero Cristo toma esos vestidos y nos da los suyos, nos ha concedido vestirnos de lino fino, limpio y resplandeciente, para recibirle. El evangelio es la buena noticia de lo que Cristo hizo por nosotros, y él nos recogió cuando todos nuestros enamorados nos habían abandonado, cuando nadie nos buscaba, cuando éramos igual o peor que Gomer, el Señor nos dirigió estas palabras

“Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo. Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias” (Is. 54:6-8)

El nos desposara para siempre, y nos desposara en fidelidad, el cordero del pacto, tomará a su mujer del pacto y la hará suya para siempre.

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