Roboam: Antítesis del Rey Siervo

Roboam: Antítesis del Rey Siervo

 (1 Reyes 12:1-19)

Continuamos con la serie “El Sublime llamado del Servicio”. En el sermón anterior estudiamos la esencia del servicio en comunidad basados en Nehemías 3, donde observamos el arduo trabajo de Israel para reconstruir la ciudad que estaba en ruinas.

En este sermón estudiaremos parte de la vida del Rey Roboam, quien fuera el hijo y sucesor de Salomón en el trono. El título del sermón es “Roboam: Antítesis del Rey Siervo”, y para explicar bien este título, tenemos que comprender el concepto “Antítesis”. La RAE lo define de la siguiente forma:

“Persona o cosa enteramente opuesta en sus condiciones a otra”

Y esto es exactamente lo que veremos en este sermón: Roboam es el antítesis (es decir, lo apuesto) del Rey Siervo, nuestro Señor Jesucristo. Aprenderemos por contraste la esencia del servicio en la vida de Jesús, observando lo que no debemos imitar. Y esta metodología es sumamente pedagógica, ya que muchas veces podemos obtener aprendizajes por medio de contraejemplos para así aprender a hacer lo bueno.

El contexto de nuestra lectura se sitúa en la sucesión al trono de Israel luego de la muerte del Rey Salomón. Su hijo Roboam es quien toma esa posición, quien había pasado la mayor parte de su vida viendo como su padre había reinado, ya que cuando asciende al trono él tiene la edad de 41 años y su padre Salomón había reinado por 40, Roboam sabía lo que significaba esta posición, día a día vio el servicio de su padre con todos sus pros y contras.

Todo el pueblo se reúne en Siquem para hacer rey a Roboam y la gran pregunta que los Israelitas se hacían era: ¿Qué ha aprendido Roboam del reinado de Salomón? ¿Cómo ejercerá poder y autoridad? ¿Cuáles serán sus grandes reformas?

Este lugar, Siquem, era muy significativo para el pueblo de Israel, ahí Jacob paso a llamarse Israel (Gn. 35:10); ahí se celebró la renovación del pacto y fueron enterrados los huesos de José (Jos.24); en ese lugar fallidamente se intentó instaurar una monarquía (Jue. 8:22-27); por lo que vemos, este sitio estaba conectado íntimamente con la identidad de Israel como pueblo y nación, llevándolo a nuestros días, era un lugar similar a nuestro congreso nacional en donde se hace la transición de mando de un presidente a otro. Al pueblo lo aquejaba un gran problema, deseaban que este nuevo Rey aliviara el pesado yugo que habían heredado de su padre Salomón, quien hiciera todo lo contrario a lo que Dios había establecido para quien estuviera en esa posición de servicio y autoridad.

Deuteronomio 17:16-18 nos dice que el Rey no debía aumentar sus caballos y él los aumento (1 Re. 10:28-29); es más estos caballos venían de Egipto, y cuando Israel salió de la cautividad de ese país Dios hundió bajo el mar a Faraón con sus caballos, evidenciando que su poder es mucho más grande que la de cualquier poder militar sobre la faz de la tierra, el Señor le advirtió  que tomara no para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desviara, pero Salomón tomo para sí más de 1000 mujeres entre esposas y concubinas, y también se le advirtió que no acumulara ni plata ni oro, pero él hizo lo opuesto. La tríada del sexo, el dinero y el poder corrompieron el reinado de Salomón.

Mantener todas esas cosas conllevaba una gran cantidad de recursos, además se debía mantener el palacio, las diferentes dependencias, los sirvientes, es decir, este yugo pesado, que se nombra varias veces en el texto era una carga extremadamente dura para los Israelitas, es más, la palabra yugo utilizada aquí es la misma con la que se caracteriza el yugo con el que Egipto había oprimido a Israel en el pasado (Éx. 1:14; 2:23; 5:9; 6:6,9). La severidad de las levas de trabajo impuestas por Salomón había sido casi como una vuelta a la esclavitud de la que ya habían sido liberados por intervención directa del Señor.

Roboam tenía la oportunidad excepcional de obrar de otra manera, liberar a Israel de esas cadenas. De hecho, era una costumbre consolidada en Mesopotamia que los reyes redujeran los impuestos al inicio de su reinado, además de rescindir las deudas y liberar a los obreros de la esclavitud del trabajo forzoso. Las guerras de David habían costado fatigas y sangre, las obras y lujos de Salomón riquezas, Israel estaba cansado de seguir adheridos a la casa de David, su petitorio exteriormente parece del todo sensata, sin embargo, fijémonos en un pequeño, pero importante detalle, tienen quejas de las cargas económicas que Salomón impuso, pero no tienen ningún reparo en la idolatría que Salomón instauro en medio del pueblo, Israel era un pueblo caprichoso. Necesitaban un líder que fuera ejemplo, que condujera el corazón del pueblo de regreso al Señor, y Roboam tenía esa facultad.

Para hacer la petición de reducción de impuestos Israel escoge a Jeroboam como su vocero, quien era un hombre prominente y hacedor de sus tareas, tanto así que Salomón durante su reinado lo puso a cargo de la casa de José, sin embargo, este Jeroboam se rebela en contra del Rey y huye a Egipto ya que Salomón le quería matar (1 Re. 11). Este hombre a nombre del pueblo le propone a Roboam lo siguiente:

Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos. Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue (v.4-5)

Fijémonos que, a pesar del conflicto anterior entre Salomón y Jeroboam, este último abre la gran posibilidad de servir al nuevo Rey, el futuro de Israel está en las manos del inexperto Roboam. ¿Qué hará nuestro protagonista durante esos tres días?

  1. Servir es Sabiduría

Roboam debe tomar una determinación, por lo que pide consejo a los ancianos que estaban delante de su padre Salomón, funcionando como asesores del Rey. Y el consejo fue el siguiente: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre (v.7)

Estos ancianos sabiamente aconsejan a Roboam invitándolo a que se convierta en un siervo, como lo fueron David y Salomón a pesar de sus inconsistencias y sirva a los suyos, que use buenas palabras y que el resultado que obtendría sería totalmente desproporcionado con el servicio que debía ofrecer: el pueblo le serviría para siempre.

Los beneficios por convertirse en siervo era un servicio recíproco y permanente por parte de Israel. Y ese era el espíritu del modelo a seguir en la monarquía de Israel, servicio en sujeción, era un modelo evangélico del servicio donde cada uno servía al otro mirando la obra de redención que el Señor había realizado en sus vidas, es lo que dice Gal. 5:13; “servíos los unos a los otros por amor”, esa era la directriz que el Señor había impuesto sobre los reyes de Israel, en Det. 17:20 dice que el corazón del Rey no se debía “elevar” sobre sus hermanos, es decir, nadie podía tener un concepto más alto de sí mismo ni una autoridad más alta que el Señor no haya delegado. A pesar de este gran consejo, en el verso 8 el autor del libro nos cuenta que Roboam dejó el consejo, en el original la palabra “dejó” quiere decir abandonar o dejar completamente, ni siquiera la considero dentro de sus posibilidades de acción.

Roboam no era el hijo de cualquier Rey, era el hijo de Salomón, quien fuera el hombre más sabio en la tierra después de nuestro Señor Jesucristo, quien escribió a su hijo una cantidad inmensa de proverbios para que se convierta en un sabio, pero ese hijo hizo lo contrario, se transformó en total necio, haciéndose evidente, una vez más, que ni la sabiduría ni la gracia se pueden transmitir a nivel sanguíneo. Amados, si hay una cualidad que debe tener un servidor es ser enseñable, ahí reside una de las raíces de la sabiduría. Y para ser enseñable no debes ser el más inteligente, dotado o culto, sino estar dispuesto a aprender, rogar a Dios que forme en tí un corazón dócil y moldeable.

Amados, es más importante ser humildes que ser inteligentes, en la Iglesia se necesitan más hombres y mujeres dispuestos a ser exhortados, enseñados y consolados que mentes llenas de conocimiento intelectual, pero con un corazón empedernido, sin deseos de doblegar la cerviz en servicio mutuo a los demás. Servir a Dios y a los santos siempre significa primeramente recibir gracia de Dios, y una de esas manifestaciones de la gracia es la sabiduría, lo contrario, negarnos a servir es sinónimo de rechazar y pisotear la gracia de Dios, abrigando en nuestros corazones la más oscura necedad.  Lastimosamente hermanos, muchas veces creemos que el servicio es un ejercicio mecánico, fácil, monótono, que cualquiera puede ejecutar, pero no podemos estar más equivocados, el servicio cristiano es un don espiritual, donde necesitamos la asistencia continua del E.S y la sabiduría que proviene de la Palabra.

El consejo que estos ancianos le dan a Roboam es el mismo que más de mil años después el anciano de días, nuestro Señor Jesucristo, le da a sus discípulos:

que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos (Mar. 10:43-44)

Nosotros ¿Cómo responderemos a este consejo? ¿Abrazaremos la sabiduría o nos hundiremos en la necedad? ¿Serviremos al Rey de Reyes y a su pueblo o nos serviremos a nosotros mismos?

Según Santiago 3:15 existen sólo dos tipos de sabiduría: la del mundo que es terrenal, natural y diabólica, la cual deja a su paso caos, quebrantamiento, facciones, muerte y destrucción; y esto se refleja en la decisión de Roboam, la cual trajo ruina a Israel. Esta sabiduría animal es en realidad “la necedad del hombre”, se disfraza de sabiduría y se maquilla con nuestras propias ideologías. En cambio la sabiduría verdadera, la que viene del cielo es pura, pacifica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía (Sant. 3:17). Esta sabiduría posee los atributos de Cristo, porque Cristo es la sabiduría de Dios, Pablo define así a nuestro salvador: “Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Co.1:24); él es el principio y fin de la sabiduría, por lo tanto, cuando escogemos no servir a Dios, cuando rechazamos el consejo de Cristo, rechazamos a su persona. Eso fue lo que sucedió en el huerto, Adán y Eva no tomaron en cuenta el consejo de Dios, sino que se envanecieron en sus propios razonamientos (Rom.1:21); Roboam es un eco necio  de lo sucedido en el Edén. Nosotros ¿A quién escucharemos? ¿Los consejos de nuestro necio corazón? ¿O al Admirable consejero? Pedro dijo: ¿A quien iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6:68).

¿Has pensado alguna vez que el Señor no pueda responder a una de tus preguntas? Él es admirable consejero, y él te aconseja lo mismo que a sus discípulos ¡SIRVE! Nunca ha habido algo que él no sepa, su consejo es infalible, cada una de sus instrucciones es maravillosa, sus opiniones extraordinarias, sus recomendaciones impresionantes, su consejo es fenomenal, él es el único digno de ser escuchado, su madre María lo reconocía, en la boda de Caná les dijo a los sirvientes: Hagan todo lo que él les diga (Juan 2:5). Todo verdadero siervo de Jesús hace lo que Jesús demanda. Nada más, nada menos.

Un consejero es una persona experimentada, capaz de colocarse en el lugar del aconsejado, nuestro Señor es perfecto consejero porque él experimento nuestras mismas luchas, fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (Heb. 4:15); él es totalmente conocedor de la naturaleza humana, conoce nuestras angustias y pesares, por lo que su consejo esta impregnado de compasión por nosotros, él es admirable consejero porque se identifica con nosotros y no sólo es capaz de exhortarnos, sino también consolarnos.

La reina de Saba viajo para escuchar la sabiduría de Salomón, de la misma manera muchos hoy leen libros, buscan gurús, navegan en las redes sociales, viajan en travesías místicas para escuchar la sabiduría del mundo, invierten recursos para oír los consejos vanos de los hombres, para saber que hacer con sus vidas, pero nosotros no tenemos necesidad hacer eso, porque “Algo más grande que Salomón está aquí” (Mt.12:42); Jesús sigue aconsejándonos admirablemente por medio de su Palabra. ¿Deseas saber qué hacer con tu vida? El Señor dijo: Toma tu Cruz, niégate a ti mismo y sígueme, llevándolo al lenguaje del servicio: Toma tu Cruz, niégate a ti mismo y sírveme.  ¿Quieres saber cómo vivir tu vida? Pregúntale al Admirable Consejero, y confía en su consejo:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal (Prov. 3:5-7)

Este trozo de las escrituras probablemente lo escribió Salomón para su pequeño Roboam, pero él prefirió la soberbia y la insensatez, en contraste, Cristo, nuestro Siervo Rey escucho a su Padre y fue obediente en todo, su comida era hacer la voluntad de su Padre y acabar su obra. Dentro de las labores de Roboam según Det 17:18-19; estaba escribir una copia de la ley y leerla todos los días de su vida para aprender a temer a Jehová su Dios, guardando todas las palabras de la ley y ponerla por obra; obviamente Roboam no hizo caso de este mandato; de ese libro debían proceder las buenas palabras que los consejeros le rogaron utilizar hacia el pueblo, palabras sabias, el lenguaje del servicio, que tú y yo necesitamos para sazonar nuestro servicio. Pablo mismo nos exhorta en Colosenses 3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría”, todos los días debemos rogar a nuestro Rey que escriba un libro sobre nuestros corazones, su ley, es decir, su sabiduría, para animar, dirigir y servir a nuestros hermanos.

Salomón pidió sabiduría para servir a su pueblo, y quizás pienses que tú no tienes esa posibilidad, pero Jesús les dijo a sus discípulos: “Pedid, y se os dará” (Mt. 7:7); y Sant. 1:5 nos dice que, si alguno se ve falto de sabiduría, pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada; no tenemos excusas, Jesús nos sigue sirviendo, intercediendo por nosotros, ¿Y habrá algo que el Padre le haya negado alguna vez al perfecto Hijo de Dios? Pues si IBGS ruega al Señor por sabiduría para servirle, nuestro Salvador intercederá por nosotros y nos otorgará el don de la sabiduría.

Deseas servir al Señor busca sabiduría en su Palabra, busca abundancia de consejeros plantados en la Palabra porque ahí dicen las Escrituras está la victoria (Prov.11:14). No termines como Roboam, Dios en su designio lo abandono en su propia insensatez, uso su imprudencia para cumplir sus eternos planes (v.15), y al mismo tiempo, Roboam perdió el reino voluntaria y neciamente, provocando el declive de la nación por un capricho disparatado. Salomón abandono a Dios, y ahora el pueblo abandonará a Roboam, el Señor visito la maldad del padre en el hijo, cuan necesaria es la sabiduría, la necesitamos imperiosamente para servir a nuestro Rey.

  1. Servir es Autoridad:

Entre 1938 y 1944 el presidente de nuestro país fue el señor Pedro Aguirre Cerda, y su lema era “gobernar es educar”, luego le sucedió en el poder José Antonio Ríos quien tenía por lema “gobernar es producir”, siguiendo la misma lógica, el lema de Roboam fue: “gobernar es oprimir”. El consejo que le dieron los jóvenes que se habían criado con él consistía en cargar aún más el yugo del pueblo que lo que hizo Salomón:

El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones (v.10-11)

Roboam opta por un modelo arrogante de autoritarismo, aumentando el pesado yugo que los trabajadores ya estaban soportando, añadiendo a la tortura escorpiones, que hace referencia al sistema de castigo a base de látigos con puntas metálicas en sus extremos. Al igual que Faraón en Egipto, Roboam endurece su corazón hacia Israel, en vez de liberarlo y servirlo, lo aflige mas intensamente, fue en lo único que Roboam supero a Salomón su Padre. Esta actitud es la lógica de autoridad de quienes se enseñorean de las naciones según la lógica humana, así lo describe nuestro Señor:

Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad (Mar.10:42).

Esto es lo que sucede en el mundo gentil. Estos hombres, como Roboam, gastan todas sus energías para llegar a la cima; y, después de haberla alcanzado, hacen que todos los demás sientan el peso de su autoridad, en vez de servir a otros, se sirven a sí mismos. Roboam había olvidado las palabras de Salomón su padre en Prov. 20:28 Misericordia y verdad guardan al rey, Y con clemencia se sustenta su trono”. Los verdaderos reyes, según Dios, buscan el bien de sus súbditos, en cambio, los tiranos buscan el suyo propio y ese es el primer principio del infierno: “me pertenezco a mí mismo”. Pero la lógica del Reino de los cielos es la inversa, el Señor dijo: “que no sería así entre sus discípulos, sino que el que quiera ser grande, el que desee autoridad, ese será vuestro servidor y el que quiera ser el primero será siervo de todos” (Mar. 10:43-44).

Entonces, en el Reino de los cielos: gobernar es servir, y servir es autoridad. En el Reino de los cielos el más grande debe dar el ejemplo: el Rey no tiene que ordenar a sus súbditos que le sirvan; se trata, más bien, de que el pueblo responda en servicio voluntario al verle a él servirles; y eso fue lo que hizo nuestro Señor, nos dejó un modelo supremo de servicio, al dejar su trono de Gloria y bajar a servir a los pecadores, por lo tanto, el servicio no es el requisito para la Grandeza en la patria celestial, sino que es el estándar de la Grandeza.

Antes de recibir el diezmo de Abram, el Rey Melquisedec le sirvió pan y vino, David, antes de ser Rey, sirvió a Saúl concediéndole el sueño en las noches tormentosas, nuestro Señor, antes de ser exaltado hasta lo sumo, tomo una toalla y lavó los pies de sus discípulos. Amados, la autoridad esta precedida del servicio, porque ese es el llamado sublime que cada uno de nosotros posee en el Reino de Dios. El liderazgo del mundo se relaciona con el poderoso, el éxito se define con poseer siervos, centrar el interés hacia dentro (hacia el yo) el símbolo de autoridad es el trono, en cambio liderazgo servicial se identifica con servir al pueblo de Dios, el éxito es servir a la gente, con un servicio hacia afuera (a los demás), y el símbolo que nos identifica es la de la toalla. Nuestra autoridad es el servicio en amor, bajo la autoridad absoluta del Espíritu Santo.

¿Con que nos identificamos? ¿Con los escorpiones de Roboam o la toalla de servicio de Cristo? Roboam y sus compañeros querían el primer lugar en Israel, y su método fue afligir a los suyos, cuando Dios ordeno todo lo contrario en Deut. 24:14 “No afligirás a tus hermanos”; por lo tanto, cuando escogemos no servir estamos voluntariamente afligiendo y constriñendo a nuestros hermanos que sí lo hacen; buscando ser servidos por todos los demás.

Cuando alguien actúa de esta forma, es porque ha sido afectado por una enfermedad: “Diotrefismo”. ¿Cuál es esa enfermedad? La que poseía Diótrefes, el apóstol Juan nos habla de él, la patología espiritual era la siguiente: “Le gusta tener el primer lugar entre todos, y no recibía a los hermanos” es decir, en el lenguaje del servicio “Le gusta ser servido por todos y no servía a los hermanos”

Este hombre Diótrefes, al igual que Roboam, tenía a su Iglesia bajo una tiranía, mostraba su autoridad con opresión hacia los hermanos, sin embargo, la Iglesia de Cristo se sustenta, edifica y conserva por el poder redentor de su Salvador, teniendo al servicio como el medio para ejercer esa autoridad. Hermanos, sin saberlo en medio de nosotros pueden existir personas con el mal de Diótrefes, hermanos travestidos que buscan la destrucción de la Iglesia con esta actitud, carecen del carácter servicial de Dios, y no habido transformación en sus corazones; necesitan urgentemente arrepentimiento y creer en el Evangelio de Cristo, que puede quitar el egocentrismo de los corazones.

El cristiano debe aspirar a los mejores puestos, pero esos puestos deben ser posiciones de servicio. Cristo tomo el primer lugar, decidió encarnarse no como un dirigente mundial, sino como un Siervo, identificándose con los pobres de espíritu, con los donnadies y los insignificantes, y su servicio hacia ellos fue morir en una Cruz y llevar el peso de sus pecados recibiendo la ira de Dios en su lugar, en él se conjuga lo que para el mundo es una contradicción, él es el perfecto Siervo y perfecto Rey, es todo un misterio que Cristo sea el perfecto hombre y perfecto Dios, pero al ser el Siervo Rey nos muestra el perfecto equilibrio al que debe aspirar un creyente. Isaías lo profetizo así:

He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto (Is. 52:13). ¿Y por qué sería exaltado? Pues por su servicio: derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Is.53:12)

El Rey de Reyes nos sirvió para crear en nosotros, un nuevo linaje de Reyes Siervos, que reinaran sobre la tierra eternamente junto a él. Él nos ha hecho Reyes para su propia Gloria, pero nuestra autoridad debe ser precedida por el ejemplo de Cristo, él nos dijo en Juan 13:14: Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis(Juan 13:14-15)

Roboam afligió a Israel con un yugo más esclavizante; enojó a los suyos en vez de hacerlos descansar, pero Cristo nos dice: “llevad mi yugo, porque mi yugo es fácil” (Mt. 11:29-30). El yugo de servidumbre que Cristo nos propone llevar no provoca irritación ni aflicción, es ligera, es benigna, llevando esto al lenguaje del servicio, lo que Jesús nos quiere decir es que servirle a él da placer y descanso a nuestras almas, llevar su carga trae consigo gozo y paz duradera, y la persona que vive este tipo de vida ya no es esclavo, ha llegado a ser libre, por lo tanto, como dice Kistemaker: “sirve al Señor de forma espontánea, ansiosa y entusiasta”, porque su servicio en favor nuestro, su regalo de gracia en la Cruz nos lo permite, hallamos verdadero descanso para nuestras almas al servir al dador de la vida, pues su yugo es fácil.

  1. Servir es Unir:

Roboam anuncia al pueblo por medio de Jeroboam que agravaría el yugo sobre ellos, y el pueblo responde de la siguiente manera:

¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas!¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas (v.16)

Los Israelitas rompen todo vínculo con la casa de David, y nuestro inexperto rey sólo gobierna la casa de Judá, la tribu del Sur. Es tan fuerte el rechazo a Roboam que cuando este envía a Adoram, el recaudador de impuestos, hacia las tribus del norte, Israel lo mata de forma inmisericorde apedreándolo (v.18); y dice el verso 19:

Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy

Hermanos, ¿Qué fue lo que provoco la división de Israel? La negativa de Roboam al servicio. ¿Deseas dividir tu Iglesia? Niégate a servir y convence a otros de no hacerlo y de seguro esa congregación irá a la bancarrota espiritual. El pecado de Roboam provoco una hecatombe en medio de Israel: Jeroboam gobernará en el norte y Roboam lo hará en el Sur.

En los versos 1 y 3 del capitulo se nos muestra la última vez que el pueblo estuvo en pleno, nunca más las 12 tribus estuvieron juntas, ya que el reino del norte, años más tarde, termina exterminado por los Asirios. Probablemente, amigos, vecinos, compañeros de toda la vida fueron separados, este hecho debió ser profundamente doloroso para todos los Israelitas, la vida de esta nación nunca más fue la misma. Todo lo que se edificó en los reinos de David y Salomón, a pesar de sus inconsistencias,  ha quedado a la deriva, este es un ejemplo claro de lo que puede hacer el pecado, un solo pecado derribo mucho bien.  De la misma manera nosotros podemos convertirnos en boicoteadores del servicio de aquellos que nos han precedido en la fe. Roboam no se da cuenta de la desgracia que ha traído a los suyos al dividir a la nación, había un solo templo ¿En donde adorarían los demás? La consolidación religiosa ha quedado en el suelo, el trono había perdido lustre, se había acabado la gloria de antaño, todo esto por el simple capricho de anteponer sus intereses a los de Dios, y a los intereses de quienes debía presidir. Los buenos líderes, es decir, los buenos servidores, nunca ponen en primer lugar sus intereses, sino que su prioridad es la Gloria de Dios y los intereses de aquellos a quienes presiden y sirven.

A diferencia de Roboam nuestro Rey siervo vino a unir a su pueblo:

Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos (Juan 11:51-52)

Su muerte fue en favor de un pueblo descarriado. Lo que ningún rey del norte o del sur pudo hacer con su servicio, Cristo, el verdadero Rey de Israel, lo logró con su servicio en la Cruz.  Lo que el pecado de Roboam provoco, Jesús lo vino a componer con su servicio sacrificial, sólo él volvió a unir a todo Israel en pleno, en un solo cuerpo.

El profeta Ezequiel, en el tiempo de exilio pronuncio juicio contra “los pastores de Israel que cuidaban tan sólo de sí mismos” (Ez.37:15-28); anunciando que Dios mismo “buscaría a sus ovejas para cuidar de ellas, servirles y reunirlas en un solo rebaño”. Nuestro Señor contemplo a las multitudes “hostigadas e indefensas como ovejas sin Pastor”, y se convierte en el “Pastor Siervo” de un pueblo perdido, herido y débil. Hoy es preciso que se levanten líderes cristianos con esa mentalidad de siervos pastores, guiando y uniendo con su ejemplo, sin coerción, al rebaño de Cristo, siguiendo el servicio del Rey de los Pastores.

Nuestro Señor, durante todo su ministerio busco diligentemente unir a los suyos. Sirvió a 12 discípulos que lo abandonaron, sirvió a los tibios como Natanael y a los incrédulos como Tomás, sirvió a las prostitutas, a los recaudadores de impuestos, a los pecadores, sirvió a Pedro, cuando este le había negado preparándole un suculento desayuno a la orilla del mar y restaurando su ministerio, sirvió a los leprosos, a los endemoniados, a los enfermos, a los paralíticos, sirvió a sus enemigos, sirvió a los niños, sirvió en publico y en secreto, sirvió sin cobrar, sirvió cuando otros ya no querían seguir sirviendo, sirvió sin preguntar a quién, sirvió a aquellos que no eran dignos, a los indignos, con el único propósito de reunirlos en una sola congregación para alabanza de la Gloria de Dios Padre.

Si Cristo, el Rey de Reyes sirvió a estas personas y de esta forma ¿Cuál es tu excusa? Acaso cobijas en tu corazón pensamientos tales como: “Estos no son dignos de mi servicio” Pues si es así, el mismo espíritu de Roboam reposa sobre tus hombros, o más aún, si sólo sirves a aquellos que te sirven, verdaderamente aun no sirves, nuestro Señor sirvió a todos, por eso es el primero entre todos.

Amados, desean ver a su congregación unida, sigan los pasos de su Maestro y Señor, sigan el sendero del servicio sacrificial de Cristo. ¿Quieres dar al mundo una imagen verdadera de lo que hace el evangelio? Sirve en unidad, el Señor pidió al Padre: “Que sean uno, para que el mundo crea” (Juan 17:21)

La división del Reino había sido anticipada por el profeta Ahías:

Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus; y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel(1 Re. 11:30 – 32)

Dios soberanamente uso la negativa de Roboam para que Israel se dividiera, algo similar a esta escena sucede con Saúl, quien tomo al profeta Samuel del borde de su manto rasgándolo, símbolo de que el Reino sería arrancado de él y dado a un prójimo mejor que él (1 Sam. 15:27-28); el Rey David. Siglos más tarde, los ecos de la división aun seguían en Israel, pero aparecería EL PROFETA de Dios, el SIERVO de Dios, nuestro mejor PRÓJIMO (el verdadero heredero del trono), nuestro Señor Jesucristo quien voluntariamente ofreció su vida en rescate (servicio) de muchos, permitiendo que soldados romanos repartieran sus vestidos rasgando la dignidad de nuestro Señor en nuestro favor.

Él quiso que fuera así, con el único propósito de reunirnos a todos en sí mismo; a judíos y griegos, él es nuestra paz, hizo de ambos pueblos (judíos y gentiles) uno sólo, aboliendo en su carne las enemistades, reconciliándonos con Dios, derribando la pared intermedia que nos dividía (Ef.2:14). A diferencia de Roboam, Cristo conquisto los corazones de los hombres con su precioso servicio, uniéndolos para sí.

¿Saben que significa Roboam? El que libera a la gente o el que hace grande a la gente; obviamente él no fue reflejo de este nombre, pero Cristo, nuestro verdadero Roboam, él si hace libre y grande a su pueblo, él es el único Rey que ha escogido a lo necio del mundo, y a lo débil del mundo para avergonzar a los sabios y fuertes, Cristo ha creado en su pueblo un linaje de Siervos Reyes para su propia Gloria, engrandeciendo a su rebaño por su preciosa Gracia. El pueblo de Israel le dijo a Roboam que no tenía heredad en la Casa de Isaí, pero en Cristo tenemos herencia, servirle a él tiene recompensa eterna, escuchen hermanos:

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís (Col. 3: 23-24)

  1. Servir es Sacrificio

Roboam no quiso servir a su pueblo, se negó a realizar un sacrificio sensato en favor de su pueblo. Lo mismo ocurre con el consejo de sus contemporáneos, los ancianos que aconsejaron a Roboam comprendían el espíritu del servicio del pacto porque habían experimentado el servicio voluntarioso y dispuesto de David y Salomón, pero los jóvenes coetáneos a Roboam habían disfrutado sólo de los lujos de años de trabajo del Rey Salomón (1 Re.10:5,8); con su consejo no quieren renunciar al poder y los privilegios, no están dispuestos a vivir sacrificialmente por sus hermanos, de la misma forma, muchas veces en las Iglesias observamos un servicio sacrificial de parte de algunos pocos mientras que otros usufructúan de ese servicio esperando ser constantemente atendidos y satisfechos en todas sus demandas.

Esa actitud es un cáncer para el servicio que da gloria y honra a nuestro Dios. David dijo: no ofreceré al SEÑOR mi Dios sacrificios que no me cueste nada (2 Sam. 24:24). Es decir, en el lenguaje del servicio es: “no ofreceré al Señor mi Dios servicios que no me cuesten nada”. Pero hermano, el Señor dijo: “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt.9:13). Eso se lo dijo a los fariseos, que realmente no sacrificaban nada, porque sacrificaban cosas que no le suponían ningún sacrificio.

Todo nacido de nuevo sigue los pasos de servicio sacrificial de nuestro Señor:  Los primeros cristianos vendieron sus propiedades y dieron el dinero para la misión de la iglesia (Hechos 4:34); Esteban fue apedreado hasta la muerte por proclamar el evangelio con valentía (Hechos 7:58); Pablo fue arrestado, golpeado, apedreado, y continuamente perseguido por servir al pueblo de Dios con las buenas nuevas, el evangelio. Todos estos ejemplos son muestra de que la Iglesia crece a través de un servicio sacrificial de quienes la componen.

Entonces, todo verdadero servicio al Señor es un sacrificio santo, vivo y agradable; porque primeramente presentamos nuestras vidas ante el Señor (Rom.12:1). Eso era lo que retenía Roboam y sus compañeros, sus propias vidas. El Señor lo quiere todo de nosotros, y lo ejemplifico con su propia vida: “Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar.10:45)

Él sirvió dando su vida por nosotros, el más grande sacrificio, el más grande servicio, fue el de nuestro Señor, por eso es que él es el primero entre muchos hermanos. Por eso es que él es el Rey que reina para siempre, recuerden lo que le dijeron los ancianos a Roboam, “si sirves a este pueblo te servirán para siempre”, esto lo cumplió nuestro amado Salvador, él no necesito caballos para conquistar a su pueblo, su arma fueron sus cuerdas de amor que nos atrajeron hacia él, él no tuvo muchas mujeres como Salomón, él tiene una sola esposa, su Iglesia y vendrá pronto a buscarla, limpia y perfecta; él obedeció perfectamente la ley y la escribió sobre nuestros corazones para que podamos servirle, ese es nuestro verdadero Rey, no necesitó nacer en una familia importante, en un país importante, en una cultura importante, no fue preciso que tuviera una profesión importante, siendo el creador de todo no exigió servicio, sino que renuncio a sus legítimos derechos, siendo el dueño de cada partícula del universo nació en un pesebre, nunca tuvo donde recostar su cabeza, nunca fue dueño de posesiones en esta vida, su corona fue de espinas por la maldición del pecado, hizo suyo, lo que no era suyo, nuestra iniquidad, y el Padre aplico la justa ira por nuestros pecados sobre él, para que nosotros nos apropiáramos de lo que no era nuestro, su perfecta justicia, su perfecto servicio sacrificial en nuestro favor.

Roboam tenía que bajar los impuestos de los Israelitas, un pequeño sacrifico comparado con lo que hizo nuestro Señor, quien tuvo que pagar la deuda infinita que teníamos en nuestra cuenta espiritual. ¿Cómo reaccionaras ante este precioso servicio? Acaso piensas que no tienes esperanzas, que eres como Roboam. Pues el Siervo Rey tiene poder para salvar aún a personas más horribles que Roboam:

“Lean la lista de su linaje, y verán que David está allí, quien exclamo: “Contra ti, contra ti solo he pecado”; y Salomón quien amó a mujeres extranjeras; y a Roboam, su insensato hijo; y Manasés quien derramó sangre inocente. Pecadores como estos forman parte de la genealogía del Salvador, por eso dice la Escritura que fue contado con los inicuos, fue llamado amigo de publicanos y de pecadores. Él se goza en salvar a grandes pecadores, él te puede salvar a ti” . (Charles Spurgeon)

Si deseas ser un salvo por Cristo, has de convertirte en un Siervo para siempre de él, porque él es Rey para siempre, tu vida en la tierra y en el cielo sólo tendrán un objetivo: rendir gloria, honra y alabanza al Rey que vive por los siglos, es decir, rendirnos en servicio eterno hacia nuestro buen Dios. En el cielo toda devoción y servicio se dirige al Rey Siervo, al Cordero y al León: los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas (Ap. 4:10-11)

Para esto fuimos creados, para ser Reyes Siervos que se rinden a aquel que dejó el cielo para servir a los pecadores.

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