Sirviendo en Comunidad

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Texto Base: Nehemías 3

Iniciamos una nueva serie titulada “el Sublime llamado del Servicio”. El objetivo de estas predicaciones es poder capacitar a IBGS en torno al llamado que cada creyente posee: SERVIR. El Señor nos dijo en su Palabra:

Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45)

La nueva vida adquirida en Cristo tiene un solo propósito, que podamos servir a Dios y a su pueblo. 1 Tesalonicenses 1:9 nos dice que “nos hemos convertido de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero”, el Cordero de Dios, vino a servir a los pecadores, viviendo la vida que no podíamos vivir, sufriendo la muerte que teníamos que padecer, y así nosotros podamos dar nuestras vidas en servidumbre al Señor. Cada ser humano es un siervo, la pregunta es ¿de quién? ¿Quién es nuestro dueño? Y nadie puede tener dos señores (Mateo 6:24); en nuestros corazones solo hay un trono, la pregunta es ¿Quién ocupa ese trono? ¿Las riquezas, el poder, la sabiduría, el mundo o nuestro Señor Jesucristo?

El servicio no es popular, probablemente en nuestras conversaciones de teología el servicio no está en nuestro ranking de tertulias, y si miramos los libros que tenemos en casa ¿Cuántos de ellos hablan del servicio a Dios? ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con un hermano sobre tus deseos de servir en medio de la congregación? ¿o animaste a alguien a servir? En este primer sermón basado en Nehemías 3 estudiaremos la esencia del servicio comunitario y la importancia actual que tiene este pasaje de las Escrituras para nosotros.

Si van conmigo al capitulo 1 verso 3 del libro de Nehemías veremos el contexto en el cual se está desarrollando todo el trabajo descrito en nuestra lectura. Aquí se le cuenta a Nehemías que el remanente de Israel que había vuelto de Babilonia: está en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego”. La ciudad del Gran Rey estaba en el suelo, sólo había cenizas y escombros, la gente sufría el latente peligro de los enemigos. Cuando Nehemías escucha esto él se sienta, llora, hace duelo, ayuna y ora delante del Señor, no sólo por su ciudad y sus hermanos, sino que principalmente porque su Dios era deshonrado. El Señor había decidido habitar dentro de esos muros, el lamento de este copero fue producto de la añoranza por entrar en sus atrios con alabanza, habían sido muchos los días lejos del templo, era necesario volver a experimentar que un día en la casa de Dios valen más que mil fuera de ellos. Dios mueve el corazón de Nehemías, dirigiéndolo para convertirlo en su siervo, y responde a su súplica por medio del rey Artajerjes, quien lo envia a Jerusalén a iniciar la reconstrucción de la ciudad, cuando llega a su destino, dice el capítulo 2 verso 14 que los muros estaban en tal mala condición que no encontraba lugar para pasar con su cabalgadura, es decir, era imposible la entrada a la ciudad, por lo tanto, el lugar era imposible de habitar, al mismo tiempo era imposible entrar al templo, e imposible acercarse a Dios, era imperioso poner manos a las obra. A pesar del escarnio de los enemigos y las circunstancias, Nehemías resuelto dice lo siguiente:

El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos (Neh. 2:20)

Este versículo es la introducción al capítulo 3, Nehemías define a los reconstructores como siervos de Dios, es decir, este listado no es un tedioso recital de nombres olvidados, ni un inventario de onomásticos, sino que preserva la memoria de siervos heroicos que tuvieron un papel fundamental en la continuidad del pueblo de Dios.

  1. Prioridades en nuestro Servicio

Imaginemos que debemos reconstruir un muro de un largo de 2600 metros, en un periodo menor a 2 meses, y los escombros son el paisaje que adorna la ciudad en donde deseamos habitar, ¿Por dónde deberíamos empezar? ¿Cuáles serían nuestras prioridades? ¿Quiénes deben comenzar el trabajo?

Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas” (v.1)

Los primeros que se levantan para la reconstrucción es el sumo sacerdote Eliasib y sus compañeros. Dentro de sus labores no se encontraban tomar un martillo y una pala, pero no podían realizar sus actividades sacerdotales si no tenían acceso al templo, era urgente dar la prioridad a la reconstrucción. Eran ellos los encargados de guiar al pueblo con sus palabras y su ejemplo, debían apartar al pueblo de iniquidad, pero también debían ofrecer un servicio sacrificial de acuerdo a los parámetros que ellos mismos debían fiscalizar en las ofrendas del pueblo, en este caso, sus acciones dijeron más que cualquier palabra. Ellos se encargarían de reconstruir la puerta de las Ovejas, situada al noroeste de la ciudad la cual franqueaba el paso hacia el templo, el lugar donde habitaba la presencia de Dios. Con su servicio están diciendo a Israel que el Señor está en primer lugar, que antes de encargarnos de hacer cualquier tarea, el primer servicio que debemos efectuar es el de buscar el Reino de Dios.

El Señor nos dijo que “no trabajemos por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece” (Juan 6:27). Podemos estar sirviendo dentro de nuestra congregación local, pero ese servicio se extingue si no colocamos nuestros recursos, tiempos, anhelos, pensamientos y corazón primeramente en el Reino de Dios. Podemos estar como Marta muy afanados supuestamente sirviendo a Cristo, sin dar prioridad a lo que realmente importa, y en el caso de Marta el mayor servicio era servir como lo hizo María, escuchar y adorar a Dios encarnado, a Jesús, lo mismo pasa con estos sacerdotes, la gente no podía estar cerca de la presencia de su Salvador, la prioridad era limpiar, allanar y reconstruir el camino y la puerta hacia el templo, para luego ofrecer sacrificios aceptables a Dios.

 Por lo tanto, si tu servicio te impide adorar al Señor, entonces lo que estás haciendo no es servicio, sino un mero activismo, ya que no hay adoración verdadera sin servicio verdadero, y esto sucede cuando pensamos que lo que hacemos por Dios es más importante que lo él ha hecho por nosotros. Amados, lo que creemos es más importante que lo que hacemos, y si creemos que nuestra prioridad es anhelar a Dios más que sus dones, entonces nuestro servicio será Fiel. La prioridad del creyente es: “Amar a Dios con todo tu corazón, con toda mente y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37).

Amado hermano, ¿Cuáles son tus prioridades? Esta pregunta es fácil de responder si respondes estas preguntas ¿En qué cosas inviertes tu dinero? ¿A qué le dedicas más tiempo? ¿Cuáles son los pensamientos que toman mayor lugar en tu mente? ¿En qué basas tus decisiones? ¿Qué es lo realmente importante para ti en este mundo? Dale respuestas a estas preguntas y no sólo encontraras tus prioridades, sino que también encontraras al dios de tus prioridades.

Ahora quizás estarás pensado que el servicio prioritario al Señor sólo se relaciona con el templo, y el texto nos muestra que no podemos estar más equivocados. La segunda prioridad en nuestro servicio debe estar localizado en nuestras casas:

Verso 10: Jedaías restauró frente a su casa; Verso 23: Benjamín y Hasub restauraron frente a su casa; Azarías cerca de su casa; Verso 28: Desde la puerta de los Caballos los sacerdotes restauraron cada uno frente a su casa; Verso 29: Sadoc sirvió frente a su casa

Muchas Iglesias en la actualidad nos dicen que si no estás en el púlpito o mostrando visiblemente frente a la congregación tu servicio entonces no estas sirviendo, esta es una de las visiones contemporáneas que deforma el servicio al Señor, ya que está alimentado por el egocentrismo y humanismo de nuestra época. Muchos anhelan ser vistos, servir en lugares de honor, tener enramadas junto a Jesús como querían Santiago y Juan para ser admirados por el mundo, y, sin embargo, el más íntimo servicio que se debe ofrecer, el del hogar, puede estar en la peor ruina.

A cada jefe de hogar Dios le exigirá cuentas por su servicio doméstico, el estado espiritual de tu casa será proporcional al servicio que tú le brindas, y cada día hay que levantar la pala y la espada en nuestros hogares. Cada uno de nosotros cree la máxima que como estén nuestras familias también estará nuestra Iglesia, y creemos que cualquier problema en nuestras almas se soluciona a través del pulpito de nuestra Iglesia, y es verdad, la Palabra es la única herramienta para formar nuestra espiritualidad y carácter, de la misma manera, tú eres el Pastor y sacerdote de tu casa, tú eres quien señala a Dios para que los miembros de tu familia miren al Salvador, los problemas y crisis que vives en tu entorno familiar se reducirán si tomas tu responsabilidad, subes al pulpito de tu casa, sirves por medio de la Palabra y tus acciones, recuerda que nadie de esta congregación, ni siquiera tus pastores pueden hacer el trabajo que tú debes hacer por los tuyos, porque cada uno debe trabajar internamente en la edificación de los muros y puertas de nuestros hogares.

Glorifica a Dios sirviendo a tu esposa, amándola como Cristo amó a la Iglesia, escúchala (es una de las formas más grandes de servirle); instrúyela en la Palabra, conversen sobre la piedad, sobre el amor que los une, sus hijos, el futuro, cría a tus niños en la disciplina y amonestación, juega con ellos, siembra en sus corazones las semillas del Evangelio, si haces esto, estarás dando uno de los servicios más grandes que un hombre puede realizar a su congregación, gobernar bien tu casa, no tendrás autoridad en tu casa si no sirves prioritariamente en tu hogar, quieres respeto de parte de tu cónyuge, sírvele, quieres que tus hijos te amen y sirvan, sírveles,  sólo así tendrás verdadera autoridad, la que viene del cielo, sal de tu escondite, evalúa los daños, cuantifica los gastos, planifica y dispón tu corazón a Dios para servir a quienes son tus prójimos más cercanos en este mundo.

No es preciso que salgas a predicar a Medio Oriente, atravesar los mares o desiertos para convertirte en siervo de Cristo, reconoce los límites que Dios te ha dado, nuestro Señor mismo los reconoció durante todo su ministerio, nunca salió de la región de Palestina a predicar por el mundo, pero fue el Siervo perfecto de Jehová, porque se sometió al lugar de servicio que su Padre le había encomendado. Bajo las circunstancias en la cual te encuentres junto a tu familia, el Señor se encargará de brindar alcance a tu ministerio, vive bajo la ley del contentamiento, y ten como prioridad reparar las fisuras que existan en las murallas y puertas de tu hogar, ciñe tus lomos, toma valor, y ahuyenta por medio del poder de la Palabra hasta las pequeñas zorras que puedan echar a perder el viñedo de tu hogar, “levántate porque es tu obligación” (Esd.10:4).

  1. Orgullosa Negación y Fervoroso Servicio

Cuando leemos este capítulo, empezamos a cobrar entusiasmo viendo que todos participan y colaboran en la edificación de su ciudad, sin embargo, el verso 5 nos muestra una orgullosa e ilustre negación al servicio:

E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor” (v.5)

Todos sabían de la urgente necesidad de servir en los muros y las puertas, pero estos grandes Tecoítas, se negaron a cooperar, no se ofrecieron voluntariamente al Señor, y cuando nos negamos a él y a su pueblo somos objetos de maldición. Vayan conmigo a Jueces 5 verso 2, aquí observamos el contraste entre dos tipos de personas. El contexto es el canto de victoria de Débora y Barac, ellos alaban a Dios por quienes se ofrecieron voluntariamente en servicio al Señor: Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, Load a Jehová (Jueces 5:2)

Pero miremos el contraste con otro grupo de personas en el verso 23 del mismo capítulo:

Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; Maldecid severamente a sus moradores, Porque no vinieron al socorro de Jehová (v.23)

En este periodo de los jueces los habitantes de esta región se negaron a servir al Señor en la destrucción de los enemigos, y el texto dice que el Ángel de Jehová maldijo a quienes no socorrieron ¿a quién dice el texto? A Jehová, es decir, quien no sirve al pueblo de Dios, esta negando su servicio al mismo creador de los cielos, quien no necesita nuestra ayuda, pero nos permite participar de su Obra. 1 Corintios 16:22 nos dice que es “maldito el que no amare al Señor Jesucristo”, por lo tanto, un indicativo del Amor genuino hacia nuestro Señor es nuestro servicio hacia su pueblo, si no vamos en ayuda hacia la grey del buen Pastor, no dudes de que tu vida está en peligro, pregúntate si genuinamente y voluntariamente estas ofreciendo tus servicios a tu congregación, y si no es así, tu voluntad debe ser cambiada, vuélvete a los brazos de Jesús quien se hizo maldición, al ser colgado en un madero para que nosotros seamos bendecidos a través del servicio a su majestad.

La actitud de los Tecoítas es como la de un buey que no doblega su cerviz al yugo, y la raíz de su negativa no es la apatía, sino el orgullo, el cual se levanta como un enemigo voraz que erosiona nuestro servicio a Dios. El orgullo hace que creamos que somos más importantes de lo que en realidad somos, teniendo un concepto más alto de nosotros mismos, tergiversando a la humildad calificándola como un fallo más que una virtud. El orgullo es el más profundo escepticismo, es ateísmo absoluto, ya que consiste en alejarnos de Dios para buscar satisfacción en nosotros mismos, la Fe y el orgullo se contraponen, porque somos salvos por medio de la Fe depositando toda nuestra confianza en la Obra de Cristo, pero el orgullo produce que nuestra confianza este cimentada en nosotros mismos y nuestro propio desempeño. George McDonald ilustra muy bien una consecuencia del orgullo “el primer principio del infierno es: me pertenezco a mí mismo”, en el infierno sólo hay orgullosos, en el cielo cada persona sirve a los demás, pero en el infierno todos esperan ser servidos, porque en ese lugar la centralidad de todo se encuentra “en el yo”.

Si decides no trabajar como estos nobles Tecoítas habrá un flanco libre para la entrada del enemigo, y otros deberán tomar tu lugar, como dijo alguna vez el Pastor Miguel Ceballos quien no trabaja genera más trabajo, y otros tendrán que hacer un doble esfuerzo, como muchos de los que trabajaron en esta reconstrucción, Dios llevará a cabo su obra contigo o sin ti, pero recuerda que tienes una responsabilidad única ante Dios, y por otro lado, miremos la actitud de los demás servidores, ninguno fue a suplicar el servicio de este grupo de personas, ninguno se fijó en la posición de estos Tecoítas o en las consecuencias de perder a personas tan influyentes, porque sabían que cada uno de nuestros servicios tiene el mismo valor ante el Señor, ellos tenían la convicción de que servir es un deber del creyente, pero también un privilegio, y cada vez que debas hacer una tarea en la congregación, y lo haces con negligencia y desgano, mejor deja de servir en esas condiciones, porque Dios no necesita tu servicio de segunda mano, tú necesitas de él y necesitas servirle.

Estos grandes Tecoítas, no tenían nada de grandes, porque la grandeza en el Reino de los cielos no consiste en un linaje sanguíneo, condición económica o intelectualidad, sino que el mayor en el Reino de Dios es aquel que es servidor de todos, la escala de valores del Reino es contraria a la del mundo, por lo tanto, la autoridad que tenemos en Cristo es derivada de nuestro servicio, el honor en el Reino de los cielos consiste en un anhelo ardiente de servir a la persona que es superior a nosotros mismos, nuestro Salvador Jesucristo.

A diferencia de los Tecoítas hubo otro grupo que se caracterizó por su fervor y entrega en su servicio.

Verso 20: Después de él Baruc hijo de Zabai con todo fervor restauró otro tramo. Verso 27: Después de ellos restauraron los Tecoítas otro tramo. (A diferencia de los nobles, estos Tecoítas sirvieron al Señor con todo entusiasmo) y Verso 30: Tras él, Hananías hijo de Selemías y Hanún hijo sexto de Salaf restauraron otro tramo.

El fervor en el servicio al Señor no es un plus, es una característica común, Romanos 12:11 nos dice: En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor (Rom. 12:11)

La fuente del fervor no es de naturaleza humana, sino que es divina, es el E.S el que nos capacita para conservar nuestro ánimo en el servicio al Señor, servir no es una disciplina humana, sino un ejercicio espiritual, Dios es un dador alegre y fervoroso, por eso es el mejor servidor, por lo tanto, en el servicio a Dios es imposible que exista la indolencia o pereza, tener un “servicio apático” bíblicamente es un oxímoron, estas dos palabras no pueden estar juntas, recuerda el Salmo 100:2 que nos dice: “Servid a Jehová con Alegría”.

Examina la actitud con la que estas realizando tu servicio, si realizas tus labores con pasión hacia el Señor, eres un promotor del mensaje del Evangelio, ya que el servicio ferviente corresponde a la realidad de nuestra salvación y comunión con Dios, el estado de ánimo con que sirvamos al Señor será una autopsia de nuestra relación con él. Como siervos estamos en una constante batalla por mantener nuestro fervor en el servicio mediante su Espíritu, cada día tenemos una lucha contra el desaliento, una pelea por creer en las promesas de Dios, si servimos de forma negligente evidenciamos algo más profundo, algo que yace en nuestro interior, y esto es incredulidad, no creemos en la vindicación final de Dios hacia su pueblo, por eso nuestros desempeños decaen, ya que pensamos que lo hacemos es pasajero, que Dios no es el dueño de nuestro futuro y olvidamos que vivimos para lo eterno, pero quien ejecuta su servicio con fervor, al igual que los héroes de esta narración es porque han depositado su plena confianza en las promesas, estos judíos sabían que Fiel es el que prometió, sabían que el Señor había iniciado una buena obra y él la terminaría, eran simples siervos confiando en el Dios que siempre los había librado.

Amados, en muchas ocasiones nos sentiremos cansados, debilitados, aun angustiados en nuestros servicios, cada uno de esos estados y emociones son legítimos, la pregunta es ¿A quién llevamos esas cargas y debilidades? En el Salmo 73 el Salmista dice: “Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre” (v.26). Asaf reconoce su debilidad, desaliento, incapacidad e indefensión, pero deposita su confianza en lo único sólido que posee en este mundo, su Dios. Cuando estemos desanimados en nuestro servicio, recordemos la receta espiritual perfecta para restaurar el alma, ir a la ley del Señor (Sal. 19:7), recordemos nuestro buen Pastor nos hará descansar en lugares de delicados pastos (Salmo 23:2); y una de las disciplinas que debemos aplicar a nuestros corazones en estas situaciones es predicarnos a nosotros mismos:

¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios (Salmo 42:5)

Predícate a ti mismo el Evangelio, recuerda las misericordias de Dios sobre tu vida, su Gracia, su Amor, su Benignidad, recuerda la Cruz donde fueron perdonados tus pecados, y recuerda donde estabas antes de conocer a Cristo, sirviendo al príncipe de este mundo, y mira donde estas hoy, en medio de los Santos, en lugares de reposo, si eso no te motiva a servir con fervor ¿Qué lo hará?

  1. Unidad y Diversidad en el Servicio

Verso 2: Junto a ella edificaron los varones de Jericó; Verso 4: Junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos, y al lado de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. Junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana; Verso 7: Junto a ellos restauró Melatías gabaonita y Jadón meronotita.

¿Cuál es la frase que se repite constantemente en estos versículos? “Junto a ellos”; y no sólo en estos pasajes aparece este patrón, sino que también en los versos, 8,9,10,12,17 y 19. Bajo la supervisión de Nehemías se organizaron 40 grupos de trabajo, donde cada quien tomo una labor, funcionando en perfecta sincronía con el servicio de los demás miembros del pueblo, como un cuerpo perfectamente coordinado, era una sinfonía de servicio y trabajo, estaban unidos en una misma mente y un mismo parecer (1 Cor. 1:10). Y esta unidad no tenía su origen en los dones de estos servidores, o en la capacidad organizativa de Nehemías, sino que había algo superior que los movía a servir de esta manera, el Señor estaba en ellos: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad” (Juan 17:23)

Nosotros no podemos producir la unidad de la Iglesia, no existen métodos humanos que puedan generar la unidad, es Cristo quien la produce, injertándonos en él, quien es la vid verdadera, pero somos responsables de guardar la unidad del Espíritu (Ef.4:3), promoviendo la paz en medio de la congregación, y esa paz sólo se puede hallar si anhelamos la verdad”, estando “unidos a la verdad” que es Cristo, cualquier otra forma de unidad artificial provocará que apaguemos el Espíritu en medio de la congregación.  Imaginémonos el cuadro de servicio de estos Israelitas, debían medir juntos, calcular juntos, llevar material juntos, pensar juntos, planear juntos, es decir, las disputas podían estar a la orden del día, esta maquinaria de servicio extraordinaria estaba aceitada por la paz que había entre los edificadores, sus mentes perseveraban en Dios (Isaías 26:3), confiaban en Dios, confiaban en su Plan Redentor, estaban enfocados en él y en su Gloria. El Señor los había reconciliado consigo mismo, y estaban reconciliados en perfecta paz con sus hermanos.

Para servir en unidad tendremos que ser liderados por otros:

Verso 17: Tras él restauraron los levitas; Verso 21: Tras él restauró Meremot; Verso 30: Tras él, Hananías

Todos estos grupos sirvieron al liderazgo de otro, y todos los grupos fueron liderados por Nehemías, y Nehemías fue liderado por Dios, tanto seguir como liderar son artes, Cristo estaba unido perfectamente al Padre, porque se sometió perfectamente a él, fue liderado por las instrucciones que su Padre le dio en la eternidad para realizar su Obra. Para llegar a ser líderes, primero debemos ser seguidores, siempre un buen líder primeramente fue un buen seguidor, todos somos líderes y seguidores dependiendo del contexto, pero sí solo nos vemos como seguidores o como líderes, sin duda que tendremos problemas para conservar la unidad. Estos Israelitas nos enseñan que trabajar detrás de otros, liderados por hermanos no es absurdo, sino que tiene el propósito enseñarnos que todos nos podemos someter en amor y servicio a los demás, los hijos a los padres, los padres al Señor, las casadas a sus maridos, los maridos al Señor, los miembros de una Iglesia a sus ancianos, los ancianos a sus miembros, y todos al Señor. La unidad implica abrazar con humildad el liderazgo de otros sobre nosotros. Ahora, ¿Existe algo más complejo que trabajar en conjunto o  ser liderado por otros? Pues sí, trabajar solos.

Verso 14: Reedificó la puerta del Muladar Malquías hijo de Recab, gobernador de la provincia de Bet-haquerem; él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos.

¿Qué tiene que ver trabajar solos con la unidad? ¿No es una contradicción de términos? Pues no, si analizamos bien el contexto. Recordemos que estamos en una situación extrema, donde cada quien debía tomar su lugar en el muro, nadie estaba ocioso, todos participaban a excepción de los grandes Tecoítas, de quienes ya hablamos.  Soberanamente a Malquías le toco servir en solitario, probablemente hubo reparos para trabajar en el lugar que se le asigno, la Puerta del Muladar, ya que ese lugar era el estercolero de la ciudad, y era posible que muy pocos se ofrecieran para servir en este lugar. Quizás, Nehemías pregunto quien se apuntaba para servir en ese lugar y nadie levanto su mano, pero Malquías dijo: “Heme aquí, envíame a mí”. Realizo un servicio sacrificial completo en un lugar muy poco atractivo para desempeñarse en pos de la unidad de sus hermanos. En ocasiones nos va a tocar servir en soledad, Dios soberanamente nos puede enviar a trabajar en esas condiciones, y si ha sido así o es así hoy día, pregúntale al Señor ¿Cuál es el objetivo de ese servicio? ¿Qué parte de tu carácter desea el Señor que desarrolles bajo esa tarea? Quizás has pensado que nadie se fija en tu servicio, pero mira a Malquías, él ha sido recordado por su labor por Siglos y Siglos, Jeremías fue un profeta que trabajo en soledad, y que aparentemente fracaso para los valores de hoy, pero Dios no olvida a los suyos,  Pablo en 1 Corintios 15:58 nos dice que nuestro trabajo no es en vano, y Hebreos 6:10 nos dice:  “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”.

El Señor vindicara tus esfuerzos, aunque cuando nadie te vio, sigue sirviendo y verás que pronto se añadirán muchos otros por tu labor al conservar la unidad de la Fe.

Ahora, ¿Cuál es el objetivo de servir en unidad? Hay dos grandes metas.  Primero comprender más profundamente la unión entre el Padre y el Hijo: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros (Juan 17:11). Y segundo, exponer un testimonio al mundo de la gloria de Dios: “Ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:21). Cuando servimos en unidad damos a conocer al mundo un mosaico maravilloso de lo que es el Evangelio, la buena noticia es palpada por los incrédulos al ver que existe un pueblo que vive en armonía bajo un mismo nombre, nuestro Salvador Jesucristo, en donde todos podemos ser recibidos, y siempre hay lugar para el pecador arrepentido, es en la Iglesia, en donde el Señor reúne en un solo cuerpo a todos sus hijos que estaban esparcidos (Juan 11:52).

En cuanto a la diversidad, esta reconstrucción no dependía únicamente de los sacerdotes, eran incapaces de realizar esta obra solos, dependían de las aportaciones de una diversidad de hermanos con distintos trasfondos, oficios y dones, quienes deberían aunar esfuerzos y recursos para levantar la nueva muralla. Se reunieron servidores de 8 localidades diferentes, a ellos no les beneficiaba de forma directa la construcción del muro, tenían sus propios caminos que construir, surcos que cultivar, granjas y talleres que atender, pero estuvieron dispuestos a dejarlo todo para colaborar en la empresa. Ellos nos recuerdan que la iglesia es el único organismo en el mundo que existe para el beneficio de quienes no son sus miembros, IBGS no existe para sí misma, existimos para otros, para que esos otros sean reunidos en un solo cuerpo en Cristo.

En la obra trabajaron personas con diferentes profesiones:

Verso 8: Junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero; Verso 32: Y entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, restauraron los plateros y los comerciantes.

Cada uno de estos siervos rindieron sus profesiones en beneficio de la reconstrucción, ellos nos enseñan que ninguna profesión, trabajo o labor secular se compara a servir al Rey de Reyes. Nehemías era copero del Rey, tenía una posición importante en la corte de Artajerjes, pero no dudo en dejar esa posición para ir en servicio de su Pueblo y de su Dios, amados, no hay llamamiento más alto que la ocupación que posees en el presente, no necesitas ser pastor, misionero o tener títulos de teología para ser un siervo dedicado a Dios, las capacidades y trabajo que posees hoy ofrécelas al Señor como un sacrificio vivo.

Hay una vieja idea de que el servicio al Señor es únicamente ejercido por los ancianos, diáconos y los miembros más entusiastas de la congregación, mientras que el resto de los miembros se limita a orar, pagar y cuidar la estructura de la Iglesia, este sistema apaga el Espíritu del servicio al Señor y genera jerarquías de poder que merman la unidad del pueblo de Dios. El principio Bíblico del servicio es que cada miembro del cuerpo de Cristo debe ser reconocido, y se debe encontrar un lugar en la vida de la Iglesia para cada don; como sucedió en esta reconstrucción. Los pastores que predican y que han dejado Iglesias vigorosas y maduras han sido aquellos cuyo trabajo de pulpito se unió con el servicio activo de los miembros de la congregación, la frase “La Iglesia la hacemos todos” no es un cliché, es un desafío, nadie sobra, en el caso de la reconstrucción de los muros y las puertas, se necesitaban manos no sólo para construir, sino también para retirar las piedras derribadas, limpiarlas y labrarlas de nuevo para llevarlas después al lugar preciso; ese trabajo eran tan importante como la que los sacerdotes, el de las mujeres o el trabajo de Nehemías. Amados, todos tenemos un mismo Padre en la familia de la Fe, y todos sus vástagos son iguales en dignidad, no debemos procurar grandes títulos, sino compartir lugares como hermanos. Francis Schaeffer dijo:

“A los ojos de Dios no existe gente pequeña ni lugares insignificantes”

Ahora, aunque el árbol produce una multitud de hojas, ninguna es igual a otra. De la misma forma, la iglesia refleja unidad en su totalidad, pero también diversidad en todas sus partes. Si observamos los versos 4 y 6, se nos habla de dos diferentes individuos que poseen mismo nombre: Mesulam, en los versos 11 y 31 se nos habla de dos hombres llamados Malquías, y en los versos 8 y 30 de dos Hananías; todas estas parejas de siervos tenían el mismo nombre, pero cada uno tenía su propia personalidad y maestría en el trabajo. La unión ante la tarea es algo necesario, pero la individualidad sera una realidad constante. Dios se sirve de gentes muy distintas y con diversos dones, temperamentos y personalidades para llevar a cabo sus propósitos. En el siglo octavo a.C Dios recurrio a dos profetas muy diferentes para hablar a su pueblo. Amós provenía desde el sur y su predicación trataba sobre la justicia de Dios, y siendo pastor de ovejas tenia un lenguaje directo (hablo a una parte de los judios refiriendose a ellos como vacas de Basán) franco, brusco y un tanto severo, y al mismo tiempo Dios  elige a Oseas, hombre que ha tenido la experiencia de un matrimonio malogrado. Dios sabía como se sentía Oseas, porque él había experimentado lo mismo al verse abandonado por el pueblo de su pacto, ambos son distintos dones para el bien común. Entonces, cada persona es singular e irrepetible, Dios no crea clones, hemos sido llamados para una tarea en particular que nadie más puede realizar, Pablo mismo dijo que él fue apartado para Dios desde el vientre de su madre con la misión de predicar a los gentiles (Gál. 1-15-16).

Aunque parezca un poco contradictorio, lo que hace que la diversidad de la Iglesia sea única no es su variedad de culturas, etnias, o edades, sino que cada uno de nosotros posee un mismo común denominador que nos describe: Nuestra unión con Cristo. Él nos transforma siendo personas diferentes, en nuevas criaturas profundamente unidas, él nos reconcilio con el Padre, y también nos reconcilio con nuestros hermanos. Como Iglesia de Cristo no necesitamos ser “iguales” para estar unidos, como lo hace el mundo, más bien, reconocemos nuestras diferencias y nos enfocamos, siendo diferentes en ser imitadores de una Persona, nuestro Salvador. Por eso no nos identificamos como judíos, gentiles, ricos, pobres, latinos o indígenas, porque no existe una pared intermedia que nos separe, Cristo es nuestra paz (Ef. 2:14), en él todos nosotros definimos como Cristianos.

Amados, las iglesias sanas serán diversas. Los ancianos estarán unidos con los jóvenes, personas de pocos recursos estarán unidas con personas de muchos recursos, personas que vivieron vidas desenfrenadas estarán unidas con personas que crecieron en un hogar cristiano. Y esta diversidad, fortalece nuestro mensaje, porque demuestra que el evangelio de Cristo es capaz de salvar a cualquier tipo de persona.

  1. Cristo, nuestro modelo de servicio

Al igual que los muros y las puertas de Jerusalén nuestras vidas estaban en la más absoluta ruina, por las puertas de nuestros corazones sólo circulaba el pecado, estábamos muertos en delitos y pecados, pero nuestro sumo sacerdote, tomo todos nuestros escombros, limpio nuestros corazones y ladrillo a ladrillo inicio una nueva obra. Él nos ha dado un nuevo corazón, y aún sigue trabajando en nuestras vidas (Rom.8:34), somos obras en construcción. La magnifica faena que él ha hecho en nuestras vidas es nuestro fundamento para poder servir. En Romanos 5:6 se nos dice que “Cristo, cuando éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”; es decir, cuando éramos débiles Cristo nos sirvió, su muerte fue el servicio que ofreció a nuestro favor.

Imagina esto, el Rey de los cielos, se humanó, y se convirtió en el perfecto Siervo, para crear una nueva orden de Reyes – Siervos, y esto para el mundo es contradictorio, ¿Cómo es posible que una sola persona encarne la realeza y la servidumbre simultáneamente? Pues Cristo es el único que lo hace posible. Amados, el servicio no es el requisito para la Grandeza en el Reino de los Cielos, es el estándar de la Grandeza:

“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos (Mar.10:43-44)

La autoridad que el Padre le dio al Hijo fue la de servir a los pecadores, la autoridad que Cristo le dio a sus discipulos fue la de servir al mundo, en Juan 13:35 Cristo les dijo a sus discipulos: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”, traduzcamos esto al lenguaje del servicio, “y en esto conocerán que sois mis discípulos, sirvan los unos a los otros”. Toda la autoridad que Cristo tenía en la tierra le fue dada porque se vistió de perfecto siervo, y los apóstoles fueron eco de esa realidad. Pablo en 2 Corintios 10:8 nos dice

Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación

Es menester doblar nuestras rodillas y servir para acceder a la Gloria. En el Reino de Dios son grandes aquellos que dirigen la atención de los demás a Cristo y no a sí mismos. Durante todo su ministerio nuestro Señor dirigió su mente a servir al Padre, y como consecuencia nos sirvió a nosotros, de la misma manera dirijamos nuestros pensamientos a servir al Señor y a nuestras familias, hermanos, vecinos y amigos. ¿Cuándo fue la ultima vez que rogaste al Señor por oportunidades para servirle sirviendo a los demás? Has visto una necesidad, pues sirve a alguien a través de esa necesidad, varones de IBGS has visto a alguien apesadumbrado, vé y sírvele, mujeres de IBGS has visto a tu marido agobiado ve y sírvele, niños de IBGS, sí niños de esta congregación, sirvan a sus padres obedeciéndoles, hagamos vida lo que dice Gálatas 6:10 “si tenemos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. No busques servir solamente a quienes te caen bien, el texto “hacer bien a todos”, John Stott  nos dice

“El intento de reducir el número de los que tenemos que amar y servir es una postura farisaica, no cristiana”

Nuestra meta es ser formados a la Imagen del Hijo, ser imagen del siervo perfecto, esto significara buscar conscientemente lugares inferiores en busca de servir a los demás hasta que el Señor nos saque de allí para llevarnos a un lugar más alto de servicio, porque a eso fuimos llamados. Gálatas 5:13 nos dice: a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”

Hemos sido llamados a esta sublime labor, servir, no lo hacemos para ganarnos el cielo, Cristo lo gano por nosotros, ni servimos por una recompensa, sino que servimos en respuesta a la Gracia que hemos adquirido en nuestro Salvador, en él obtenemos la posición más alta que podemos recibir, porque ser siervos de Cristo es mejor que ser amo de millones.

Finalmente, los exhorto a terminar la carrera, a terminar la tarea que el Señor nos ha encomendado a cada uno en particular, a ser semejantes a nuestro modelo de servicio que es Cristo, el oro así:

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4)

¿Cuántos proyectos has iniciado o y no has concluido? ¿Cuántos cursos has comenzado y ni siquiera has llegado a la mitad? ¿Cuántos planes has hecho con tu familia que no has podido finiquitar por tu negligencia? ¿Cuántas oraciones has dejado a medias delante de tu Señor? ¿Cuántos esporádicos entusiasmos te han hecho perder tiempo y dinero porque eres inconstante e inconsistente? Nuestro Señor termino su Obra perfecta en la Cruz, Pablo dijo He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Nosotros debemos finiquitar nuestro servicio al Señor. Quizás te preguntaras, es que no se por donde empezar, pero durante el sermón ya se te exhorto por dónde empezar, quizás te preguntaras como Pablo cuando se encontró con Jesús en Hechos 22:10 ¿Qué debo hacer Señor? Y le dijo: “Levántate, ve a Damasco y se te dirá todo lo que esta ordenado que hagas” Amados Dios nos ha revelado en su Palabra lo que debemos hacer, él te ha declarado lo que es bueno (Miqueas 6:8).

Querida IBGS que nuestra oración sea como la Nehemías:

Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dame gracia(Nehemías 1:11)

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